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viernes, 15 de diciembre de 2017

PEOR, IMPOSIBLE...

El capitalismo lleva ya medio siglo en crisis, por lo que es la más larga de su Historia, pero ésto coincide con la imposibilidad de superarlo, algo que no desean amplias franjas de la población en el planeta, por voluntad propia, por ignorancia o por la influencia de los medios de comunicación masiva, que han contagiado el "síndrome TINA" (There Is No Alternative/No hay alternativa).
     Uno de los problemas para forjar una alternativa socialista es lo que Samir Amin ha llamado "la extrema dispersión de las luchas, del plano local al mundial, siempre específicas, circunscritas a lugares y ámbitos particulares (ecología, derechos de las mujeres, servicios sociales, reinvindicaciones comunitarias, etc.). Las escasas campañas de alcance nacional o siquiera mundial, prosigue Amin, apenas han obtenido éxitos significativos que hayan comportado un cambio de las políticas aplicadas por los poderes, y muchas de estas luchas han sido absorbidas por el sistema y alimentan la ilusión de la posibilidad de reformarlo". Un gigantesco proletariado a escala mundial está fragmentado en "fracciones diferenciadas, a menudo enfrentadas entre sí". Esto vino, agreguemos, con la crisis misma y el cambio en la división internacional del trabajo a partir de los años '80, que puso a los trabajadores (y un poco a todo el mundo) a competir ferozmente entre sí, en medio de una creciente precarización.
     "En el Norte, constata Amín, se ha abandonado el tema central de la lucha de clases anticapitalista -que ha quedado reducido a su expresión más parcelaria- en beneficio de una pretendida redefinición de la 'cultura social de izquierda', comunitarista, que separa la defensa de los derechos particulares del combate general contra el capitalismo". Cuando el Norte se solidariza con el Sur, lo hace bajo una forma "humanitaria" y "caritativa" que en realidad, en vez de ser realmente solidaria, lucra con la ayuda o justifica injerencias. El Sur, a su vez, agreguemos, se dedica a extorsionar al Norte con el tema de la migración, "cobrándole al rico" o al "blanco" en vez de enfrentarse con el criollo creador del desempleo y causante de la falta de oportunidades. Son los derechos particulares del migrante sin relación con un combate general contra el capitalismo. El trabajador blanco del Norte reacciona a su vez atrincherándose en posiciones de derecha.
     "En algunos países del Sur, considera Amín, la tradición de las luchas que asociaban el combate antiimperialista con el progreso social ha cedido el puesto a ilusiones retrógradas y reaccionarias de expresión pararreligiosa o pseudoétnica". Así, "una nueva ideología de derechas ha obtenido la adhesión de los pueblos", señala el economista egipcio.
      En su peor crisis, el capitalismo ha conseguido reventar las luchas de los trabajadores, dispersándolos por el mundo, y hacerles cargar con reivindicaciones que no son las suyas, sino que empujan a una mayor competencia de todos contra todos por razones de género, edad, raza, religión, "etnia", etcétera. Sorprende un poco que las universidades, siguiendo el modelo de los campi estadounidenses, se hayan convertido en lugares de justificación de esta competencia acérrima y de confusión de la academia -que debiera ser creativa como tal - con el activismo. Este, desde el 68, no ha sido precursor de ningún adelanto democrático, sino garante de las justificaciones ideológicas que ha necesitado el capitalismo  para quebrar la unidad de quienes son productivos y re-producen la vida en sociedad.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

SOBRE SPUTNIK Y RT

Sputnik y RT (Russia Today) son dos agencias noticiosas oficiales rusas que ofrecen una ventaja: en ellas se encuentran con cierta frecuencia -y no más- informaciones que la prensa occidental tiende a silenciar. De este modo, esas agencias ofrecen una pequeña alternativa de información. También dan a conocer lo oficial sobre el gobierno ruso y en particular sobre el mandatario Vladimir Putin (declaraciones, entrevistas, eventos, etcétera), no sin un dejo de "culto a la personalidad", pero moderno, tipo fan.
     Y es que, en efecto, Sputnik y RT han querido, al parecer, salir del estilo "propaganda" para entrar en la modernidad. Estas agencias tienen un gran defecto: a diferencia de lo que era esa "propaganda", que buscaba dar cuenta positivamente de lo que acontecía en la Unión Soviética, RT y Sputnik se concentran en noticias y análisis sobre el extranjero. Salvo a la hora de mostrar a la "Kim Kardashian rusa" o a los animalitos rusos, todo supuestamente "mejor que en Occidente", las agencias en cuestión ni muestran mayormente ni analizan lo que sucede dentro de la Federación Rusa, sobre todo en la vida cotidiana. El habitante occidental carece de un punto de referencia otro, como no sea la figura exclusiva de Putin.
     Las noticias y más de un análisis tienden a ser sensacionalistas, además de insistir, excesivamente a veces, en asuntos de armamento. No faltan los anuncios sobre la "Tercera Guerra Mundial" que se adelantan a los acontecimientos y procesos reales, e incluso textos dignos de Selecciones, como uno que se pregunta recientemente "¿en qué país habría que buscar refugio en caso de una guerra nuclear?". Por otra parte, a veces hay, a nombre del análisis, propaganda -sí, la hay- mentirosa en contra de algunos gobiernos y a favor de algunos partidos políticos de oposición (como ocurre en la bochornosa sección sensacionalista "La batalla por México" de RT), lo cual va más allá de las reglas elementales de la diplomacia. Desde el punto de vista económico, estas agencias también son sensacionalistas, anunciando por ejemplo (hace poco) en un encabezado que "el precio del oro explotará y el dólar desaparecerá", y así por el estilo. En distintos terrenos, los errores de pronóstico son frecuentes, pero admitidos.
       Los problemas de Sputnik y RT no les pertenecen en exclusiva. Son el resultado de querer jugar en el mismo terreno que la prensa occidental, la cual abandonó hace rato la búsqueda de la objetividad y la imparcialidad con tal de no perder rating y seguir haciéndose la interesante para llamar la atención. Las agencias referidas también caen en la mundanidad y muestran así, involuntariamente, a una parte de la Rusia de hoy.
   

lunes, 11 de diciembre de 2017

LLORONA

La izquierda tercermundista no-comunista, en la cual está incluida la de América Latina, tiene sus peculiaridades:
     -le encanta el autoelogio. El que escribe desde esta izquierda no puede no mencionar "el pensamiento del Che", "la espada de Simón Bolívar", la frase de José Martí, las cualidades de Benito Juárez, "la Patria Grande", cualquier cosa que efectivamente, de tan grande que suene, engrandezca al que habla o escribe. El Che, et puis moi, et moi, et moi.
     -es retórica y teatral, en parte porque se habla a sí misma, y en parte porque se dirige al mismo tiempo al poder, sin tomar demasiado en cuenta al que, de a pié, no lo tiene, el que es Pablo Pueblo o Juan Pachanga. Esta izquierda no analiza, salvo excepciones, y ni siquiera razona o argumenta con "el análisis concreto de la situación concreta", o tomando lo concreto por la "síntesis de múltiples determinaciones" (ambas son referencias de Lenin). Es una izquierda de torneos provincianos de oratoria y que desprecia olímpicamente, desde su trinchera (porque desde la Revolución Cubana está en imparable combate, "hasta la victoria siempre"), los tristes gabinetes de estudio. Es una izquierda con una flojera proverbial para el estudio, la formación de cuadros y la cultura que no sea de ornato y extranjera. Lo que cuenta es el dogma de autoridad, aunque quien lo usa se diga "anti-dogmático", "anti-sectario" y con otros deslindes del comunismo.
     -es religiosa, porque quiere fieles, seguidores (y ahora algo de fans), en vez de estar al servicio de la base o de brindar un servicio público (con algún análisis de algo, por ejemplo). Es una izquierda de compadres (crony left?) y, también, de comadres.
     -tiene rasgos oligárquicos, porque usa al pueblo, teniéndolo a disposición, y dejándolo en la cuneta cuando ya se tiene el poder o cuando se está en la derrota (que nunca es confesable). Es la clase de amigo que sale corriendo en las dificultades y que al mismo tiempo sigue en la oratoria, pero de victimización. Nunca es responsable de nada. Es la izquierda "yo te aseguro que yo no fuí".
     -Como no tiene ni cultura cívica ni ética y sí en cambio rasgos oligárquicos, aunque sea en decadencia, no es de fiar en lo personal: da la espalda con la misma facilidad con la que seduce.
     Nada de lo anterior aparece como está descrito, sino que viene envuelto para regalo, de tal modo que cuente el factor sorpresa: el compadre se las da de picante pero sabroso, y la comadre anda con un hermoso huipil.

viernes, 8 de diciembre de 2017

AMOR Y PAZ

Las fuerzas comunistas, que en el caso de América Latina tuvieron algún poderío hasta los años '30/40, salvo excepciones (como Chile y Uruguay), cayeron en la autofobia a raíz del XXavo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), celebrado en 1956, en el cual el líder soviético Nikita Jrushchov dió a conocer el (hoy se sabe) supuesto terror de Stalin. Los adversarios aprovecharon y crearon el "paradigma anti-Stalin", estableciendo las equivalencias comunismo=terror y comunismo=estalinismo. Muchos partidos comunistas (como los eurocomunistas de Italia, Francia y España) terminaron tratando de deslindarse y al hacerlo acabaron con menos fuerza aún.
       La izquierda en general cayó en la autofobia justo al momento en que, siempre para usar la caracterización del estudioso italiano Domenico Losurdo, el capitalismo empezó a dar en el autobombo: con la caída del sovietismo en 1989-1991. Desde entonces, la "tercera vía" que el propio capitalismo había soltado por ahí dejó de tener vigencia y la izquierda concluyó que tenía que "adaptarse o perecer", para lo que empezó a ceder lo máximo esperando conservar lo mínimo. Muchos se deslindaron del supuesto "experimento" soviético, que dejó así de ser experiencia de aciertos y errores de la cual extraer lecciones. A la larga, la propia izquierda socialdemócrata resultó perjudicada y carece hoy del empuje de antaño. No hay centro entre el capitalismo y la nada, ni puede haberlo. Quienes dicen que hay que tomar "lo mejor de los dos sistemas" quieren el lucro con Estado de Bienestar, que es la vuelta al "esplendor" de la segunda posguerra.
      La izquierda dejó de atreverse a hablar de socialismo (ya ni se diga de comunismo, que nunca fue lo suyo) y se limitó en su autofobia a "fugarse de la Historia" (parafraseando a Losurdo), con propuestas tan vagas como "otro mundo es posible" y así por el estilo. Desde luego que "otro mundo es posible": para peor, por ejemplo. La izquierda dejó también de atacar al imperialismo y a lo sumo acogió a la derecha del partido Demócrata estadounidense (hasta en Cuba hay muchos dispuestos a seguirlo) como máximo horizonte posible. La propuesta del "socialismo del siglo XXI" no duró en Venezuela (entre otras cosas por el anticomunismo de algunos chavistas como Diosdado Cabello). La izquierda que nació con el capitalismo en la Revolución francesa (y no contra él) dejó de reclamar igualdad (lo entendió para bien o para mal como nivelación por lo bajo), se olvidó por completo de la fraternidad y se quedó no con la libertad, sino con "lo libertario", otra vez al gusto de los Demócratas estadounidenses. Más de uno llegó a creer que sin el comunismo y cediendo lo máximo sería más fácil: ya no habría la posibilidad de establecer la equivalencia izquierda=comunismo, aunque el capitalismo estableció otras (izquierda=populismo, izquierda=Norcorea o izquierda=anacronismo). Con la autofobia no hay nada que enseñar (predicar con el ejemplo) ni que aprender (de una Historia que según la izquierda "no es la suya", aunque ya no tiene una propia). Salvo excepciones, la izquierda dejó incluso de tener un lenguaje propio, que correspondiera a sus intereses: se limitó, como el capitalismo estadounidense (the pursuit of happiness), a proponer "perder el miedo a ser feliz". Amor y paz.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

TOLERANCIA

Izquierda y comunismo no son lo mismo, porque el segundo, a diferencia del primero, supone una ruptura radical con el capitalismo. En la actualidad el comunismo prácticamente ya no existe, aunque en algunos países (como China, Vietnam y Cuba) gobiernan partidos comunistas (el más cercano al ideario comunista es el gobierno de Raúl Castro en Cuba, aunque en este país el fidelismo/Movimiento 26 de julio/ dejó una huella de profundo anticomunismo). En otros países existe oposición comunista: la más fuerte, aunque ideológicamente desorientada, es la de la Federación Rusa (Partido Comunista de la Federación Rusa, PCFR o KPRF), todavía con Guennadi Ziuganov a la cabeza. En América Latina los partidos comunistas fuertes, donde los hubo (por ejemplo en Chile y Uruguay) se colocaron a remolque de la Revolución Cubana, que hizo mucho por marginarlos, como lo hizo con las guerrillas que no eran pro-cubanas (las Fuerzas Armas Revolucionarias de Colombia, FARC, por ejemplo). En el Tercer Mundo los gobiernos nacional-populares han solido ser duramente anticomunistas, y Cuba no ha sido la excepción, así se llame nominalmente "socialista". Esto quiere decir que no hay equivalencia izquierda=comunismo, de la misma manera en que no la hay entre izquierda=populismo y menos aún entre izquierda y terror, escasez y antidemocracia. Desafortunadamente, en América Latina los partidos comunistas se colocaron a la cola del guevarismo, perdiendo autonomía y pensamiento propio. Por lo demás, cuando un partido comunista como el chino hace una política capitalista, es perfectamente bien tolerado por el mundo capitalista. Norcorea es otra cosa, ya que sigue con extravagancia la idea "Juche" de Kim Il Sung, su fundador.
     La izquierda surgió con la Revolución Francesa (los parlamentarios que se sentaban a la izquierda en la Asamblea), el comunismo bastante después, con Marx, Engels y posteriormente Lenin. La izquierda no-comunista ha sido bastante bien tolerada por el capitalismo (lo fue durante la segunda posguerra), porque sirve de "indicador" -según tenga fuerza o no la tenga- para orientar la "gobernabilidad" y detectar los puntos en los cuales hay que hacer el ademán de ceder o soltar algo, para cooptar el descontento y canalizarlo dentro del mismo capitalismo, si es necesario con gobiernos o con posturas socialdemócratas, es decir, de centro-izquierda. A su vez, el comunismo opositor, donde lo hay, es tolerado hoy simplemente porque no significa riesgo de ruptura, dada su mínima representatividad.
     Después de haber pregonado la "tercera vía", incluso en el estilo de un Anthony Blair (hoy ex primer ministro británico), el capitalismo, que a lo sumo admite "en la izquierda" -dizque- al  partido Demócrata estadounidense (sin Bernard Bernie Sanders), se ha vuelto menos tolerante con la izquierda en general, incluso con gobiernos socialdemócratas como el venezolano (ya abandonó toda idea de "socialismo del siglo XXI"), hasta donde pretende ser nacional-popular y ésto molesta. Desde antes del desplome del bloque socialista y la Unión Soviética, el capitalismo ha venido siguiendo la "estrategia de la rodaja de salami" (segmentación mediante alianzas o amenazas) para debilitar a la izquierda, después de haberse deshecho del comunismo occidental. Es esta nueva incapacidad del capitalismo para tolerar a la izquierda, incluso hacia el centro (la izquierda reformista, partidaria de reformar al mismo capitalismo) la que ha orillado a muchos electores hacia la derecha -el dizque "populismo"- del conservadurismo imperante. Sin comunismo, la izquierda está reducida a sobrevivir como una variante "redistributiva" de este conservadurismo, por más que se haga llamar "liberal", cosa que en la práctica no es, porque no lucha contra los privilegios. La otra variante es la ultraizquierda o izquierda infantil, que puede darle al conservadurismo ganador tintes e incluso prácticas fascistoides.
     Dado que la izquierda, a diferencia del comunismo, nació con el capitalismo (y no por oposición a éste), serrucharla -cuando no se serrucha sola- es volver aún más conservador al mismo capitalismo, de tal modo que corta la rama en que está sentado y arriesga seguir llevándose cuesta abajo en la descomposición a quien se deje ilusionar.

lunes, 4 de diciembre de 2017

MI PEOR ES NADA

 El habitante promedio del mundo capitalista no puede representarse el socialismo, por ignorancia (las más de las veces, completa) o porque, al no tener el acto psicológico de la "vivencia", no puede juzgar ni pronunciarse, salvo que tenga la "vivencia" de algún otro. Las cosas hay que vivirlas, y como ese habitante no ha vivido lo desconocido, más allá de lo que pudieran haberle dicho, no puede quererlo. Tal pareciera que es mejor quedarse con "lo vivido", por conocido, así sea algo nada bueno. Qué se le va a hacer: al menos es "nuestra vivencia", en vez de un salto a lo desconocido o algo peor.
     De este modo, se prefiere al cambio la inercia o incluso la regresión, pero en lo conocido. Son décadas que el capitalismo no se reforma, por lo menos desde los años '70, y que la crisis se ha vuelto permanente, pero la única "vivencia que se vió" es que el socialismo tal y como se lo conocía se desplomó en 1989-1991. No hay razón para querer nada mejor que no sea más abundancia (adictiva) dentro del capitalismo, si alcanza para más (y siempre lo promete, porque nadie gana una elección diciendo que no alcanzará para todos, o al menos para la mayoría). Parafraseando a Samir Amin, se trata de salir de la crisis del capitalismo y no del capitalismo en crisis, aunque quienes logren "salir" sean finalmente pocos. Al no tenerse la "vivencia" del socialismo, bien puede preferirse caer hasta en la abyección, pero con tal de que sea "algo vivido", en el capitalismo.
      Los "testimonios" que nunca se pueden verificar o que son aíslados o mentirosos, o los testimonios sacados de contexto (como los recogidos por la escritora Svetlana Alexievich), bastan, porque son "vivencias", para establecer las equivalencias de siempre, socialismo=terror, socialismo=escasez y socialismo=antidemocracia. Nadie repetirá que, conceptualmente, socialismo es igual a propiedad social de los medios de producción (no propiedad de unos cuantos para explotar a muchos). Un concepto no se puede "vivenciar", al parecer. Así que el que no es ignorante puede creer que tiene "la vivencia" porque la vió en pantalla o la leyó: esta (falsa) vivencia -muy frecuente en el esnobismo intelectual- señala que socialismo no significa la posibilidad de proseguir con la humanización de la vida en sociedad, la salida de la alienación. Es preferible "la vivencia" de una deshumanización que ni siquiera se ve como tal (al menos en las capas medias y clases dominantes), aunque muchos se quejen, porque el capitalismo "vivido" (!y hasta el "por vivir"!) se plantea como más humano y mejor, una "forma superior". ¿Qué sigue? Más de lo mismo, o peor, porque el capitalismo es "nuestro peor es nada" (puesto que el socialismo es "nada"). Si alguien se atreviera a querer algo mejor y en verdad más humano, que desafiara al statu quo, se quedaría sin nada. Esa es la amenaza velada.

viernes, 1 de diciembre de 2017

EN DESCOMPOSICION

El capitalismo no se encuentra en la actualidad amenazado desde fuera, mucho menos por el socialismo, y ya no se diga por lo que algunos se han inventado como "populismo".
     En el capitalismo, las capas medias y las clases dominantes están convencidas de que socialismo=escasez, de que socialismo=terror y, finalmente, de que el socialismo es anti-democrático. Esas capas y clases le tienen pavor al pueblo y han remplazado a la democracia como "gobierno del pueblo" por la democracia como "gobierno de la mayoría", lo que no es lo mismo. Esta mayoría consensúa luego de actos de compra-venta "simbólicos" (electorales) decisiones que no toma: en el capitalismo actual, las decisiones que sí importan se toman sin consultar al pueblo, con frecuencia contra él (en particular si es trabajador) y entre la alta finanza, las corporaciones transnacionales, los complejos militar-industriales, los organismos internacionales y políticos al servicio de estos intereses. Al mismo tiempo, las capas medias y hasta una parte de los sectores populares se compran el derecho de hacerse de la vista gorda -aunque se quejen- a cambio de que haya aunque sea una mínima derrama económica -una oferta- por parte de esos intereses. En la democracia para mayorías, que no paran de demandar, hay "demanda y oferta" (y los políticos no paran de ofertar). Cerrado el trato, cada quien se va a lo suyo: la mayoría al "mientras yo y los míos estemos bien, lo demás no importa", y los intereses descritos a sus negocios ("y lo demás no importa"), siendo ambos perjudiciales para la sociedad en su conjunto, porque se le da la espalda a cualquier bien común. En rigor, la democracia actual ni siquiera es el gobierno de las mayorías, sino un negocio que perjudica la vida en común. El capitalismo está así amenazado desde dentro, mientras cree estarlo desde fuera, por los supuestos populismos o lo que sea.
     Cuando existió en el poder, el socialismo fue el gobierno del pueblo y no de las mayorías, al menos durante determinados periodos. Lo del temor a la escasez es algo que sale de grupos sociales que viven en la abundancia (capitalista) sin darse cuenta de que es por sobre-producción, por lo tanto por crisis y no por una verdadera bonanza, que por lo demás no debería ser anárquica: como lo hiciera notar el traductor Roger Dangeville (Marx-Engels. La crise) a principios de la misma crisis, en los años '70, se trata de un "capitalismo drogado", entre otras cosas por los lujos. Por otra parte, las investigaciones históricas serias y más recientes han demostrado, sobre la base de archivos, que no hubo "gran terror" en el socialismo (en este caso, el soviético). No importa, ahí viene el coco: incluso bajo el gobierno democrático chileno de Salvador Allende (1970-1973) se convencía a las capas medias de que iban a ser expropiados hasta los niños, para quedar "a cargo del Estado y no de la familia".
     La fuerza de estos estereotipos -en otro nivel, se trata de falacias- y la comodidad del negocio electoral-democrático -mientras haya para cierta derrama- vuelven imposible un cambio en profundidad, pero permiten que en esta misma se siga descomponiendo el capitalismo.