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viernes, 22 de abril de 2011

ENTREGA TOTAL

Cada vez que un grupo de lo que sea sale a protestar a la calle, los medios de comunicación occidentales están listos, muy en el espíritu del 68, a gritar "revolución". Si un grupo de islamistas sale navajas en mano a la calle en Jordania, es revolución. Si los maleantes se sublevan contra Kadafi en Bengasi, es revolución. Si la oposición siria, según Wikileaks apoyada por Washington, no para de gritar en la calle, es revolución. Si los islamistas del norte de Yemen, ex veteranos de Afganistán, la emprenden contra el gobernante Saleh (a su vez apoyado por la Central de Inteligencia Americana), pues es otra revolución, así sean los de la calle utilizados para dirimir diferencias en el poder. Ahora resulta que lo de Egipto fue "revolución de los lotos". Como lo de Lennon y Yoko Ono era revolución, aunque no en la calle, cualquier Waka Waka es revolucionario.
Si unos islamistas del norte del Caúcaso ruso ponen una bomba en el aeropuerto moscovita de Domodedovo, tal vez sea revolución: así mueran civiles inocentes, no hay intelectuales occidentales quie protesten y ni Obama se esfuerza mayormente en condenar el hecho. Si en Francia se prohíbe el velo en lugares públicos, quien pare la medida es revolución. Poco importa que llevar velo, burka o "tchador" no sea lo mismo que escoger el atuendo más vistoso o un disfraz para la marcha del orgullo gay. Criticar a Francia en estos asuntos es, por principio de cuentas, revolución. Que viva la diferencia, aunque llevar velo suponga adoptar un credo religioso que en ciertas versiones lleva a la mujer a no salir de la casa, a salir escoltada por los hermanos o a caminar detrás del hombre. El tipo de persona que critica la prohibición del velo es el mismo que está a favor del empoderamiento de la primer señora que pase. Lo fundamental es estar "in" la revolución, no "out" de ella. Así que viva el islamismo en los suburbios franceses. Vivan las mafias de Bengasi (y que se esfuercen un poco más, porque contra los leales a Kadafi no dan una militarmente). Abajo los gobiernos como los de Kadafi o Hussein, el de Irak, en el cual las mujeres tenían una situación decente. Así que, de hoy en adelante, a todo lo que sea la vuelta al conservadurismo y a los Hermanos Musulmanes le vamos a llamar "revolución", encontrando los intelectuales necesarios para teorizarnos el asunto.
¿O no? Si el sacerdote finlandés Juha Molari denuncia el sitio Web "Kavkaz Center" porque éste hace apología del terrorismo e incita al odio contra los rusos, pues se prohibe a Molari ejercer. Las autoridades finlandesas promueven este tipo de cosas y nadie las acusa de nada, ni siquiera en el Parlamento Europeo. Si  se promueven atentados en Minsk, silencio. El mismo tipo de actitud se encuentra en Noruega, entre los antiguos neutrales suecos hoy metidos a las agresiones en Libia, o entre daneses que han escudado a terroristas de Chechenia.
Revolución es hacerse de la vista gorda cuando el terrorismo islámico ataca a Rusia y revolución es quitarle a Putin, hoy primer ministro ruso, el derecho a la defensa propia. Revolución es agitación vandálica en los suburbios franceses y revolución es destruir la laicidad, diciendo un día sí y otro día no sobre la "causa de las mujeres", poco importa. Revolución es deshacerse de los gobiernos árabes laicos y más progresistas; o sacar navajas, saquear monumentos históricos en El Cairo, hacerse el interesante en Facebook y estar a la vanguardia de lo que sea, "moi et mes amis".  Revolución es algo tan, tan, tan...Otro mundo es posible, qué duda cabe. Aunque suene a anuncio de marihuana.

viernes, 15 de abril de 2011

A LA CHINA EN UN COHETE

Es conmovedor. Cada vez que abren la boca, hacen Historia. No lo pueden evitar. Obama, Cameron y Sarkozy no quieren sacar a Kadafi del gobierno, quieren que sea el pueblo librio con sus dirigentes el que, envuelto en heroísmo, "escriba el siguiente capítulo de su Historia" (aunque el trío no haya repartido el guión, hay que estar atentos al siguiente capítulo del modo en que la heroica Libia escribe su Historia, con tinta sangre del corazón). Hay que proteger a los civiles, pero el trío tiene propósitos más elevados: dar al traste con una dictadura atroz, la del "carnicero de Trípoli", evitar un "Estado fallido" y sobre todo comenzar con una auténtica, genuina, verdadera "transición a la democracia", de esas que luego de que empiezan se prolongan eternamente para disfrute de sus protagonistas. Democracia: hoy, mañana y siempre.
Es tan urgente que a Kadafi lo bombardean por órdenes de la generala de división Margaret Woodward, que ha dirigido con tacto, sutileza y algo del ineludible "eterno femenino" más de mil 600 misiones contra el infame líder libio. Cuando no está bombardeando, Miss Woodward sirve el pavo a la tropa el día de Acción de Gracias, según consta en las redes sociales. El corazón no puede no latir ni sentir la ternura. Es la hora de las mujeres. Que se empoderen. Es muy distinto al odio que despierta Kadafi con sus regordetas enfermeras ucranianas, Oksana Balinskaya y Galina Kolonitskaya, a las que el muy pérfido galán de feria daba dinero para visitar pirámides en El Cairo o ir a comprar en boutiques de Nueva York. No hay lugar para regordetas: el mundo occidental exige que la transición se haga con anoréxicas o casi, no con eslavas tipo campesina de los alrededores de Kíev. Muammar, ha sido suficiente: el mundo ha dicho "basta" a quien además, al comer carne de camello y de ternera, no respeta la voluntad de millones de integrantes de las redes sociales que han protestado contra el maltrato animal.
Ha sonado la primavera de la sociedad civil libia, de su entusiasmo, de sus sueños truncados, de sus ganas de ganarse el cielo. Junto al Frente Nacional de Salvación, apoyado por la Central de Inteligencia Americana, está el Grupo Combatiente Islámico, que Naciones Unidas catalogó alguna vez como terrorista y que suelen integrar veteranos de Afganistán, soldados de la libertad. A estos fanáticos los financian los servicios secretos británicos, en 1996 habían intentado asesinar a Kadafi y en 1995 armaron desórdenes en Bengasi. Cuando recientemente a algunos de estos miembros de la sociedad civil los liberaron de la cárcel, agarraron a los policías libios que se encontraron y los fueron a colgar de postes, para que en lo sucesivo las fuerzas de Kadafi aprendan de democracia.
Bengasi la heroica, Bengasi hermana, Bengasi lugar de la primavera, es la cuna de estos grupos islamistas que desde hace cerca de 15 años hacen su agosto. En efecto, fuera de Marruecos, Bengasi es el punto norafricano más cercano a Europa y por ende paso muy buscado por emigrantes africanos, muchos provenientes de Eritrea, Etiopía, Somalia o Sudán, por ejemplo, que se agolpan en el puerto libio, a veces hasta mil por día. La sociedad civil de Bengasi, incluyendo a las milicias referidas, se dedica a extorsionar y hasta asesinar a estos migrantes, aunque lo fundamental es controlar el tráfico de personas y lucrar con él. Los demócratas libios quieren mercado, libre mercado, poder traficar lo que sea sin las cortapisas de un tirano que quiso sacar al dólar de Africa, que hizo propietarias de su vivienda a las familias libias y les dió educación y salud gratis. No. La sociedad civil tiene otros deseos y muy, muy legítimamente, podría cantarle hoy a Kadafi, con Paulina Rubio: te puedes ir/a la China en un cohete/no queremos tu billete/ni tus rosas ni juguetes. Es más: Libia quiere a Angelina Jolie.
Hace poco, el presidente ruso, Dmitri Medvedev, seguramente entre una y otra de Jethro Tull, dijo que Kadafi ha hecho cosas "que pueden interpretarse como crímenes". El huésped del Kremlin ya sabe, como toda persona de su generación, hacerse el imparcial poniendo verdad y mentira en plano de igualdad. No importa: de proseguir el asesinato de camellos, Rusia sin duda protestará contra Kadafi, o no moverá un dedo si lo llevan ante el Tribunal Internacional de La Haya, que es donde deben estar los que no quieren a Angelina y prefieren regordetas de Ucrania. En verdad, Kadafi, debe hacerle un favor a la Humanidad e irse antes de la presentación de Michelle y Barack en el programa de Oprah Winfrey, a finales de mayo. Nadie está de humor para comer camello.

viernes, 8 de abril de 2011

YA TENGO MI AEROPLANO

Por fortuna, la ayuda humanitaria ha comenzado a llegar a las zonas rebeldes de Libia. Hace algunos días, al ver volar un avión de la Coalición, un rebelde en Marsa el Brega no pudo contener la algarabía y lanzó disparos al aire. El avión pensó que el asunto era contra él: el rebelde feliz, una ambulancia que iba por el rumbo, el chofer de la misma, tres enfermeros y alguna gente más quedaron humanitariamente reducidos al estatuto de "cráteres de bombas". Lo que la Coalición no explicó es cómo pudo haberse confundido una ambulancia con fuerzas de Kadafi.
En Irak también los occidentales se han destacado por la ayuda humanitaria. Ahora se sabe, gracias a un vídeo tomado en 2007, que durante la guerra un helicóptero militar estadounidense Apache, al ver a un grupo de civiles iraquíes en tierra, solicitó en reiteradas ocasiones autorización "to engage", es decir, para dar ayuda humanitaria, que bajo la forma de ráfagas mortales mandó al otro mundo a una docena de personas, incluyendo dos periodistas de Reuters. Nadie estaba atacando al helicóptero Apache, ni había combates en tierra, ni desafío de los civiles. Tal pareciera que los del helicóptero creyeron que era vídeo-juego: en el audio se nota cómo hasta ríen. Cazar civiles desarmados e indefensos desde un helicóptero y al grito de "crazyhorse" debe ser una sensación de omnipotencia digna de una raza de señores, algo inolvidable.
Durante la guerra de 1999 en Yugoslavia, se lucieron. Por ejemplo, luego de bombardear la embajada china en Belgrado, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, se disculpó. Es poco probable que China hubiera estado pidiendo ayuda humanitaria. La OTAN arguyó que tenía "planos viejos de la ciudad", sin indicar el siglo. No precisó tampoco si los planos se los dió la agencia china Xinhua o si confundieron la embajada con una cafetería donde el ejército yugoslavo estuviera cantando y leyendo poesía. En Kosovo, la OTAN tuvo la humanitaria gentileza de bombardear caravanas de fugitivos civiles, trenes y un puente, escogido -también muy humanitariamente- un día de mercado, por ende muy transitado. En Belgrado, tal parece que confundieron los susurros de agonía de unos ancianos con fuego antiaéreo, así que bombardearon un geriátrico y luego un hospital en el barrio de Dedinje. Muchos de estos ataques fueron hechos con bombas láser que muy difícilmente se equivocan, por lo que cabe preguntarse si el estado mental de los pilotos es igual al de quienes los envían: es decir, psicóticos y ajenos a la mínima lógica.
En Afganistán, en la provincia de Nangarhar, fronteriza con Pakistán, la ayuda humanitaria de los "aliados" llevó a que, por el tipo de munición empleada, al poco tiempo se encontrara en la población niveles de contaminación por uranio inusuales. Los síntomas entre cientos de afganos resultaron similares a los de ex combatientes del Golfo que inhalaron polvo de uranio. La radioactividad tarda miles de años en dispersarse. La verdad, hasta el presidente afgano Hamid Karzai está harto y pidió a la OTAN que "deje de matar civiles".
En Panamá, para que quedara claro, a un soldado hecho prisionero le dijeron los soldados estadounidenses que se fuera, y corriendo. Cuando el panameño se iba, un estadounidense le metió muy humanitariamente un tiro en la espalda, matándolo, delante de cámaras que filmaron y transmitieron las imágenes en Panamá para que estuviera claro qué tipo de ayuda ofrecen estos "señores", que venden seguridad y protección (!qué bueno!). Por lo demás, la ayuda humanitaria suele ser brindada desde el aire, nunca en tierra (no vaya a pasar lo que en Somalia), con gran ventaja tecnológica y la peor de las cobardías.
Como a las 12 del día, el canciller ruso seguramente se levantará y le preguntará a su criado Zajar, luego del desayuno, si sabe algo de los cascos azules en Costa de Marfil: ¿quién los invitó? ¿El dueño del restaurante Le casque bleu, querido Zajar?
Que pasen un bonito imperialismo.

viernes, 1 de abril de 2011

GOBERNANTES INDIGO

Lo que hicieron con el derecho internacional fue el equivalente de una violación tumultuaria, lo que no deja en buen lugar a quienes se abstuvieron porque no saben hacer otra cosa (China) o porque no encuentran más que fórmulas neutras pésimas (Rusia). De acuerdo con el artículo 42 de la Carta de Naciones Unidas (que los señores tal vez confunden con un menú: ¿me da el artículo tal, por favor?), la fuerza (capítulo VII) se usa cuando se han agotado otros medios que en el caso librio nunca se agotaron. Las potencias occidentales tenían prisa y se pusieron rápidas y furiosas -muy en especial, doña Hillary Rodham Clinton con sus llamados "totalmente Palacio" a derrocar a Kadafi. El artículo 24 de Naciones Unidas llama a respetar la Carta de la ONU, que prohibe inmiscuirse en asuntos de otros países violando su soberanía (artículo 2). Lo que empezó como un llamado "humanitario" se convirtió en ayuda descarada a unos rebeldes armados un tanto ineptos y en el deseo nada escondido de tirar a Kadafi. Por cierto, según Naciones Unidas, la fuerza se usa cuando un país ataca a otro (artículo 2), como ocurrió con Irak contra Kuwait, y no cuando se le antoja a Nicolás Sarkozy (a) "el Bruni" saliendo del jacuzzi, por ejemplo.
Sarkozy (a) "el Bruni" decidió llamar a una conferencia internacional sobre el tema nuclear aprovechando que muchos, alarmados de más por el accidente de Fukushima en Japón, se pusieron a repetir "Chernobil, Chernobil" como si se tratara de conseguir una goleada antinuclear. Algo de este tipo se preparó hace algunos meses, cuando una inusitada ola de calor en Rusia se acompañó de incendios forestales y se temió que llegaran a un centro de investigación nuclear en Sarov, con el agravante de que los guardabosques rusos seguramente estaban tirados de borrachos, como consecuencia de las atrocidades del estalinismo. Ahora, Barack Obama (a) "el Oprah" ha expresado su preocupación por la seguridad nuclear (está lloviendo soya con plutonio en Ohio) y la Agencia Internacional para la Energía Atómica ya dijo que para junio quiere convocar a una reunión "política" y del "más alto nivel" sobre el tema.
Si de verdad va a ser "del más alto nivel", que se juzgue a Nicolás Sarkozy, (a) "el Bruni": según David Wilson, en las primeras 24 horas de ataque a Libia se tiraron 45 bombas de 2000 libras (algo menos de 1000 kilos) y misiles Cruise, nótese bien, con ojivas de uranio empobrecido, que es una variante de material nuclear, venenoso, tóxico y radioactivo. ¿Condena? Ninguna. Durante la guerra del Golfo Pérsico ya se había sentado este precedente, si no es que desde Panamá. Al poco tiempo de que los "aliados" usaron este tipo de munición, en la región de Basora y en Bagdad se propagaron casos de leucemia, deficiencias inmunológicas y nacimientos con malformaciones genéticas. Pocos años más tarde, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) usó uranio empobrecido en Kosovo (31 mil proyectiles con este material). Los mismos que usan un material radioactivo en campos de batalla son los que convocan hoy al mundo solemnemente y en aras de la salvación de la Humanidad a conferencias sobre la "seguridad nuclear". Es del tipo de Barack Obama, (a) "el Oprah", que un día antes de inaugurar una reunión Cumbre contra la No Proliferación Nuclear, le vende material nuclear a India.
Obviamente, quieren el monopolio. ¿Se van a poner a revisar? De las 104 estaciones nucleares que hay en Estados Unidos, 23 son similares a la que tuvo fallas en Fukushima y no parece que se vaya a frenar la construcción de otras dos en Texas. Hay instalaciones nucleares estadounidenses en zonas sísmicas, o si no que pregunten por San Onofre y Diablo Canyon en California. ¿Fallas? En vez de repetir "Chernobil, Chernobil", como si estuviera jugando Maradona, (a) "el Pibe", se puede averiguar qué falló en Shoreham (los estadounidenses dieron informes de seguridad falseados), Nueva York, por la inquietante historia de Three Mile Island, o por lo que le ocurrió al fallecido actor estadounidense Steve McQueen. ¿Alguien se atreverá ya no digamos a levantarle la voz, sino a rozar con el pétalo de una leve crítica a Estados Unidos? Seguramente no Sarkozy, (a) "el Bruni".
Occidente es un mundo agraciado, ya que quienes ofrecen la salvación casi como secta ante el apocalipsis de turno son los mismos que delinquen "a todo lo que da". En cuanto al presidente ruso, Dmitri Medvedev, (a) "el Zeppelin", se espera que de un momento a otro santifique a Julio Iglesias, que escogió Moscú como uno de los lugares para despedirse de su carrera artística. Está para morirse de cursilería, en lo que explotan las consecuencias de los actos de quienes fueron vistos por última vez merodeando en los alrededores de Libia. Hay quienes aseguran haber visto cerca del Tripolitania al Obama, (a) "el Oprah", cantando además como Calle 13: "no tengo plata, pero tengo cobre".