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miércoles, 31 de agosto de 2011

DE QUE CALLADA MANERA...

No queda muy claro si el presidente estadounidense, Barack Obama, no sabe gobernar, o si considera que es normal tomarle el pelo a todo el que se deje. Lo más probable es que, como no sabe gobernar, lo que hace termina en tomadura de pelo.
Obama anunció un retiro de tropas de Irak que no será, porque se quedarán en grandes bases militares unos 50 mil soldados, de manera indefinida. No es una cifra menor. Luego de lo ocurrido con Bin Laden, Obama anunció un retiro total de tropas de Afganistán, en un plazo de cerca de 4 años. Ahora resulta, sin embargo, que de aquí a diciembre Estados Unidos piensa negociar que miles de soldados estadounidenses permanezcan en suelo afgano. La negociación ya tiene el beneplácito de las "autoridades" afganas. El embajador ruso en Afganistán, Andrei Avetisián, declaró no entender para qué se están construyendo bases militares en territorio afgano. Tampoco queda claro si el servicio diplomático ruso reparte mapas a quienes lo integran.
Menos aún queda claro si algunos, como se dice, son o se hacen. China reconoció -siempre en papel de Judas o Pilatos, a escoger- al "rebelde" Consejo Nacional Libio. Allá los chinos si el derecho internacional no les importa, pero Beijing argumentó que seguirá propiciando una salida política y una solución pacífica al conflicto libio. Hay formas de hipocresía que resultan cómicas.
El Consejo Nacional Libio está integrado, entre otros, por ex miembros de Al-Qaeda: muy en concreto, entró a tiros, seguramente en busca de la salida política y la solución pacífica, a Trípoli el ex veterano de Afganistán, Al-Qaeda y los talibanes, Abdulhakim Belhaj. No nada mejor que terroristas para luchar contra el terrorismo, así que ahora la política exterior occidental se guía por los principios de la homeopatía (similar cura a similar). Es de suponer que es el tipo de cosas que por razones ecológicas no se le critican a Obama.
El presidente ruso Dmitri Medvedev no se queda atrás. Rusia anunció que participará en el grupo Amigos de Libia, para "asegurar el papel preponderante de la Organización de Naciones Unidas en el proceso de paz". Harían mejor en fundar una organización no gubernamental contra los onucidios, desde la época en que Javier Pérez de Cuéllar era tratado como trapo por Bush padre, y el mismo peruano ponía una cara de estupefacción de película. La cancillería rusa emitió un comunicado llamando a los extranjeros a no meterse en los asuntos sirios. Medvedev, sin embargo, se mete cuando quiere a darle consejos al presidente sirio al Assad, que de no encaminarse por el rumbo le señala el del Kremlin, tendrá "un destino triste". No queda claro si el servicio diplomático ruso debiera también mandar sus comunicados al Kremlin, para que Medvedev-Robin no siga metiendo la pata, en vez de atenerse a las reglas del gobierno correcto y mandar a callar a Batman-Putin.
Por cierto, la toma de Trípoli, la capital libia, fue un deleite, sobre todo con la entrada de los "rebeldes" a la Plaza Verde. Russia Today (RT) denunció oportunamente en su televisión que nunca ocurrió tal hecho. Fue filmado en Qatar (golfo Pérsico, para más señas), con actores profesionales, y retransmitido para desmoralizar a los leales a Kadafi. Un montaje excelente, probado con lujo de detalles por RT, aunque Occidente no está al tanto de lo que los mismos occidentales y sus aliados armaron.
El derecho internacional, la soberanía de las naciones, el derecho a la información fidedigna y el respeto a la opinión pública son algunas cosas que los aficionados a la defensa de las focas podrían pedir en sus asépticas redes sociales. Algo así como: "un millón de firmas por nosotros mismos, no podemos permitir que nos tomen el pelo a nosotros (mismos)". O: "Yo estoy por que me gobiernen". En el mejor de los casos.

miércoles, 24 de agosto de 2011

ALGO MAS QUE SOÑAR

Pablo Milanés, nacido en 1943, por ende "baby boomer", está por cantar en la ciudad de Miami, si lo consigue. Milanés no se ha privado de hacer polémicas declaraciones, en las cuales muestra que, más allá del "feelin", hay terrenos en los cuales la vocación es la de complacer a los amigos, los de "Querido Pablo" y otros. Milanés, a fuerza de pedir "amor y paz", da la impresión de confundir el socialismo, o lo que de él haya en Cuba, con una empresa hippie o la búsqueda del nirvana (no es el único, así que Lennon tiene su momumento en la isla). Con lo cual Cuba tiene otro problema más: no puede vivir de comer discursos de Fidel Castro (por suerte, ya escasos), pero tampoco de tanto amor, porque el amor no se come. Y hasta la miel amarga... Envejece, el "querido Pablo": justifica a delincuentes que se hacen pasar por disidentes, critica los errores de quienes han cargado con la Revolución en las duras y en las maduras, y todo desde una perversión. Es la perversión de un derecho natural -consumir y viajar-convertido en privilegio. Y no por asuntos exclusivos de la Revolución, sino por la política occidental de corrupción.
En efecto, desde el periodo especial, luego de la desaparición de la Unión Soviética, hay la Cuba de quienes no tienen oportunidades suficientes, y la de quienes viajan al exterior y consumen, además de ser siempre agasajados. De los efectos perniciosos de lo anterior están concientes algunos cubanos, según quedó demostrado, en 2008, en el VII Congreso de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba), en donde no se escatimaron denuncias con los efectos perniciosos del turismo, la superficialidad de la cultura de masas y la conversión de lo cubano en folklore exótico. Sin tapujos, lo que se denunció es la devaluación de los valores artísticos (el grupo musical los Van Van es un buen ejemplo, tal vez).
El "querido Pablo" le canta desde los '80, entre "feelin" y el bolero, al "no quiero saber nada del mundo exterior": con ello se convirtió en un ídolo más de la melosa clase media de América Latina y más allá. Cierto, Milanés no tuvo la vida sencilla en la Revolución. Pero los viajes y el consumo hacen lo suyo. No hay intelectual al que Cuba, muy "espiritual", no haya agasajado hasta el escándalo, antes de que a la misma Cuba el intelectual le diera la espalda. En cuanto al otro, tuvo mala suerte: le pidió "Evolución" a la "Revolución" (idea del mexicano Justo Sierra, por cierto), justo como en el estreno del planeta de los simios, que debiera ser el de los nimios.
Milanés musicalizó la espléndida (aunque ambigua) serie de TV cubana "Algo más que soñar", en 1984 (serie sobre los jóvenes y la guerra de Angola), y la letra de "No ha sido fácil" es un himno a quienes creyeron que todo era asunto de poner "espiritualidad" por delante, como sello de autenticidad. La canción "No ha sido fácil", sin embargo, tiene el "desliz" de pedir fieles no nada más para la virtud, sino, como dice Pablo, para "mi egoísmo también". Ocurre sin embargo que ni los "viejos" mayores de 70 años a los que Milanés no quiere tienen por qué aguantarle el egoísmo a la nomenklatura y sus vástagos de entre 30 y 50 años, muchos de ellos.
Desde la llegada de Raúl Castro al los máximos cargos del gobierno cubano, el comercio y el intercambio cultural con Rusia se están incrementando, sobre nuevas bases, pero incrementando de manera signiticativa. Podría ser una fuente de oportunidades para quienes, habiéndose formado en el antiguo sistema, se quedaron a pié con los cambios, mientras la nomenklatura y sus niños no cesó de viajar y consumir, apretándose el cinturón al ritmo de todos. Después de todo, además del egoísmo de los que, como reza "No ha sido fácil", quisieron hacerse de un lugar al sol, hay ingratitud por lo recibido. Milanés recibió de la Revolución mucho más de lo que le pudo haber quitado. Miami no es el lugar para expresar gratitud, ni lo es España, ni es la forma con poses de quien tiene "lo que hay que tener" entre escogidos, "sentido crítico". El cubano de a pié seguramente quiere algo más que soñar, que discursos y que "espiritualidad" y "sensibilidad artística". Lástima, el socialismo fidelista no suprimió la vida material. Aunque pareciera que algunos se lo propusieron. Con cargo al erario público, o a los amigos.

jueves, 18 de agosto de 2011

TEN CUIDADO CON EL CORAZON...

Han pasado 20 años desde que desapareció la Unión Soviética. Antes de que sucediera el hecho, el descontento no escaseaba en Occidente, que veía con malos ojos al "Imperio del Mal", porque no era tan sencillo encontrar algunos artículos, mientras que las estanterías occidentales se llenaban. Así que muchos intelectuales de izquierda, convertidos en consumidores, empezaron a pedir, como si estuvieran en un restaurán, que les sirvieran lo que llamaron "el socialismo que queremos". Ya entrados en el menú, los eurocomunistas se imaginaron el "socialismo a la italiana", o "con los colores de Francia". Hasta hoy, trátese de Cuba o Venezuela, se discute de gustos, no de hechos o ni de problemas reales. Nada que sea "realmente existente", sino "lo que queremos" (y desde luego, lo que al rato exigimos). Todo quedó en utopía, en socialismo que no existe en ninguna parte pero, además, nunca existió: lo que había en la Unión Soviética era un proceso que se había desviado de los libros (por culpa del dogmatismo), o un capitalismo de Estado, así fuera sin mucha propiedad privada. En fin, es un tipo de celo que uno quisiera ver con el capitalismo. No: es que, se aducía, el capitalismo sí tiene todavía muchos recursos, otras tantas fuerzas productivas. Se parece al capitalismo que quisiéramos.
Salió también el asunto de la "tercera vía". Tampoco queda nada porque lo curioso es que, para poder escoger, hubo que renunciar a escoger, o es que escogieron y ni cuenta se dieron. Cosa frecuente entre los escogidos. No hay tercera vía porque no hay ni primera ni segunda.
Esta brillante labor clasemediera consistió en atenerse a la visión del mundo del patrón en la canción del malogrado Facundo Cabral, ese patrón que, como tantos hoy, se sabe el precio de todo, pero no conoce el valor de nada. Así que no se trató de valorar la experiencia soviética, sino de ponerle precio. Veamos: un comunista con convicciones reales (es decir, uno de esos verdaderos incómodos) probablemente no hubiera pensado en venderse en el mercado (a diferencia del señor Gorbachov), es decir, en ponerse un precio y ver quién "le llegaba". Así que, en resumidas cuentas, un comunista era lo más fácil de vender, puesto que había salido gratis. Durante unas décadas, cualquier acomodaticio entendió que vender comunistas era hacerse un lugar bajo el sol y cotizarse en el mercado, sin tener que pagar por ello. !Un lugar al sol, gratis! Un arribista como Gorbachov desdeñó, en agosto de 1991, a un general del ejército soviético, nacido en 1923, héroe de Stalingrado, veterano de Etiopía, Angola y Afganistán, el general Valentín Varennikov, porque hablaba "con malas palabras", aunque valiera más, en las acciones, que el muy cotizado y solvente (sic) señor Gorbachov. Incluso Putin terminó dándole un puesto honorífico a Varennikov, y Medvedev un reconocimiento. Gorbachov, el hombre del "socialismo con rostro humano", no fue capaz de nada por Varennikov, quien no quiso ser indultado luego del golpe de Estado de agosto de 1991. Henchido de vanidad, Gorbachov vendió lo que había que vender: de éso trata el mercado. Parecía un negocio redondo: uno vende comunistas, se deslinda de horrores verdaderos y otros muchos inventados, y se cotiza al alza. Queda bien con el patrón.
Bien, les salió gratis. No construyeron nada. Hasta que empezaron las dificultades donde menos se las esperaba. Una recesión fuerte entre 2007 y 2008. Tal vez venga otra. No pongamos en la cuenta las pocas guerras que quedan, todas hechas desde Washington. No, el puro funcionamiento del capitalismo. Lástima, pero el capitalismo cobra caro, cuando son sus asuntos, no regala nada, a diferencia de los equivocados comunistas, y hoy se empiezan -se empiezan- a pagar las cuentas del capitalismo. A 20 años de la caída de la Unión Soviética, sin izquierda en el horizonte, únicamente cabe citar a esa seguidora de Rosa Luxemburgo, la insigne cantante mexicana Alejandra Guzmán, para quien no quiera creerlo: "ten cuidado con el corazón, canta esta guía de la juventud, aquí abajo en este mundo material. Un descuido y te pueden desplumar, por nada". Bendiciones.

viernes, 12 de agosto de 2011

MI ARBOL CRECIO...

Los estudiantes chilenos acaban de dar, como en el pasado durante la "revuelta de los pinguinos", una muestra de madurez y organización, además de haber hecho peticiones concretas, y de haber buscado sortear a los provocadores. Algunas respuestas del presidente de Chile dan cuenta de agotamiento mental: "nada es gratis es esta vida", dijo el mandatario como si le pidieran el caldo de la abuela o la letra de una mala canción salsera. Chile es un país que en el siglo XX, hasta antes de la caída de Allende, se preocupó en especial por el nivel educativo, en buena medida gracias al Partido Radical.
Otra cosa son los disturbios en los suburbios londinenses. Hace algunos años, de muy mala manera, parte de la izquierda se equivocó y tomó como algo "progresista" los desmanes en los suburbios de grandes ciudades francesas, queriendo alegar además que eran respuestas a la discriminación contra los inmigrantes y sus hijos. No. Esta vez, en Londres, ocurren disturbios en barrios de inmigrantes, pero también en lugares en los cuales la mayor parte de la población es blanca y británica (en los disturbios franceses de hace algunos años tampoco faltaban blancos, por cierto). Lo que están pidiendo estos jóvenes, mentalmente integrados y no excluidos, es entrar como sea al mundo del consumo, que tan bien saben aprovechar con sus aparatos tipo BlackBerry. Si les preguntan a esos jóvenes que hacen, no saben. Son lo más cercano a una generación de adolescentes hijos de los hijos de los rebeldes del 68. "Padres obedientes, hijos tiranos", son adolescentes que tiran la puerta si no se las abren de inmediato, y además, analfabetas funcionales muy cercanos al idiotismo, que tampoco escasea en clases altas. Los padres y los abuelitos de estos supuestos "ni-nis" les han metido en la cabeza que el mundo está en deuda con ellos, que por el solo hecho de ser jóvenes tiene toda suerte de derechos y ninguna obligación, mucho menos cívica (tampoco las conocen sus padres). Prueba de que desconocen lo más elemental del civismo es elmuy "revolucionario" comportamiento en los suburbios franceses: consistió en destruir, además de automóviles, hospitales y escuelas. La generación del 68 compró a sus hijos; los hijos, a su vez, están en deuda perpetua con los tiranos que engendraron.
La explicación aparece por un camino extraño. Hoy, a los jóvenes de la ex Unión Soviética no se les explica nada que tenga que ver con valores del pasado, que los hubo. Se les dice que en el pasado había "muchas carencias", desde luego materiales, y se multiplican las incitaciones al consumo al estilo occidental. Es la confusión de socialismo y Estado de Bienestar: con el segundo, la idea era que a las generaciones jóvenes no debía faltarles nada, por lo que, faltándoles poco, paradójicamente exigen más y más, sin que sea nunca suficiente y sin tener idea del esfuerzo que supone adquirir. En suma, es la idea de que todo les es debido o, como decía la broma de Argentina: "no sé lo que quiero, pero lo quiero ya", que es el lema de los jóvenes londinenses amotinados.
Lo dicho sobre las carencias en la antigua Unión Soviética ni siquiera es del todo cierto, aunque hubiera filas (y las hay por cierto en Occidente, para quien las quiera ver). Según Konstantin Chemisov, en un artículo reproducido por Josafat Comín en Internet, según la FAO -por ende, no según una autoridad comunista-, el consumo de alimentos en los años '80 en la Unión Soviética estaba entre los 10 más altos del mundo. De lo básico, no faltaba gran cosa. En el capitalismo, para muchos escasea lo básico y para otros abunda lo superfluo, porque no es un sistema inteligente, sino guiado por la ganancia (en vez de las necesidades humanas). El Estado de Bienestar parece haber malcriado a los jóvenes ex soviéticos, en cierto modo sin quererlo. En Occidente, el asunto de la gratuidad se mezcla con la idea de que los padres deben comprar a sus hijos. La manera de mimar a los jóvenes es escandalosa (o de comprarlos en medio de rivalidades familiares), e insistir una y otra vez en los derechos de estos jóvenes es convertirlos en "nicho de mercado", no llamarlos a que hagan algo por la sociedad en la que viven. Así sea al precio del idiotismo que viene, no sin violencia.Bien se dice que el asunto no es "qué mundo se deja a los hijos", sino "qué hijos se deja al mundo". Y por cierto, lo saben mejor los sectores populares y trabajadores (por la brecha vivida entre lo necesario y lo superfluo) que los extraviados ricos y acomodados.

jueves, 4 de agosto de 2011

VESTIDOS DE AZUCAR

Son un encanto. Están convencidos de que la democracia requiere que los ciudadanos no paren de reclamar sus derechos, en el entendido de que ellos son los ciudadanos. Les gustan muchas causas, aunque prefieren pocos efectos. Como parte de sus derechos, obligan a presidentes a pedir perdón hasta de lo que no han hecho, arrodillan a legisladores y lo mejor, dan órdenes a los ejércitos. Tienen a representantes impolutos, por lo general son víctimas y veneran lo "light".
A estos ciudadanos, convencidos de que todo el secreto está en la clase media, no les gusta mucho que haya pobres, pero jamás condenarán el descaro de cierta riqueza, ni las orgías de los ricos (que lo digan videos de Enrique Iglesias, Cristina Aguilera, Britney Spears, Ha Ash, etcétera), ni su insolencia, ni ninguna de sus desmesuras. Los ciudadanos quieren paz, pero no condenan en concreto ninguna guerra. En cierto modo, esta clase media ciudadana, aséptica, se comporta como la mujer que del hombre quiere nada más que la provea, quedándose él calladito y bonito el resto del tiempo. Si no, le arman una de esas griterías a las que acostumbran Gloria Trevi o Paulina Rubio, versiones "light" de una señora del barrio.
El modelo es Estados Unidos, donde Barack Obama, el presidente, admirador confeso del difunto ex mandatario Ronald Reagan, acaba de pactar elevar el techo de endeudamiento: no hay modo de aumentar los impuestos a los ricos, intocables en su insolencia y degeneración, pero en cambio se argumenta una y otra vez que todo es que la seguridad social sale cara, lo que es falso (es superavitaria desde hace mucho). En realidad, sucede que les pagan a los ricos y le subsidian al Estado asuntos como sus guerras. Pero no hay causa del efecto: a los ricos no se les toca porque ellos son los que "detonan" la economía y provocan "la derrama" (así de prosaico).
Ningún país ni líder del mundo se atreve a tocar a Estados Unidos, menos ahora que hay un presidente "a la izquierda" o en el centro. Más de un país sabe que está amarrado al mercado estadounidense y, mucho más grave aún, el asunto de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), u otros como el del "modelo turco", consisten en que la clase media "haga metástasis", proliferando por doquier, así sea chatarra y a crédito. Desde hace cerca de dos décadas, junto a los ricos hay "nuevos ricos", en todo caso privilegiados, a los que nadie mueve y que lo único que tienen son exigencias. Estados Unidos, en quiebra, no para de exigirle al mundo. Lo mismo hacen estas encantadoras clases medias.
El único que se atrevió a una crítica fuerte, llamando las cosas por su nombre, fue el actual primer ministro ruso, Vladimir Putin, quien afirmó que Estados Unidos, parásito de la economía mundial, vive por encima de sus medios, sin querer encarar el menor ajuste. Según Putin, elevar el endeudamiento no resuelve nada: permite que Estados Unidos viva a crédito pasándole la factura a otros. Encima, a juicio de Putin, Estados Unidos no hace sino aprovechar el monopolio del dólar.
En suma, salvo para una clase media demográficamente extendida y políticamente incapaz, la suerte de Estados Unidos es la desgracia de una economía internacional que Washington desde luego no quiere reformar. Así, de nuevo hay signos de estancamiento o de que la crisis seguirá. Nada "light", por cierto. La proliferación de segmentos clasemedieros por doquier bloquea cualquier cambio, así sea una reforma, y abona en el sentido de un conservadurismo de décadas. No queda más que leer las Obras Completas de Paulina Rubio, incluyendo su "Ley de Causa y Efecto", donde la cantante, en un desliz marxista casi imperdonable, explica que de todos modos cada error se paga. Suponiendo que los "light" tengan alguna conciencia de estarse equivocando, en vez de creer que todo es acomodarse a los tiempos y las pequeñas conveniencias.