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martes, 27 de marzo de 2012

¿QUE TANTO ES TANTITO?

Daría gusto ver que quienes se oponen a todos los totalitarismos critican a los neonazis.
El parlamento de la república báltica de Estonia se ha estado preparando para declarar "luchadores de la libertad" a los miembros de la legión SS que durante la segunda Guerra Mundial combatieron junto a Hitler y contra la Unión Soviética. Los veteranos de las SS llevan años participando en actos oficiales en Estonia.
Hace poco, el embajador estadounidense en Estonia lamentó que los soviéticos hayan bombardeado Tallinn (capital de Estonia) en 1944, para expulsar a los nazis. El diplomático se mostró indignado por las víctimas civiles del ataque y por lo "inefectivo" de la operación, aunque lo cierto es que Moscú estaba atacando en ese entonces a los nazis.
En el año 2007, un Memorial de guerra soviético fue desmantelado en Estonia. Quienes protestaron fueron arrestados.
En Lituania, otra república del Báltico, el Museo Nacional de Vilnius, la capital, se salta todo un periodo que está "en blanco", entre 1939-1941 y 1944. No es posible hablar de que 220 mil judíos fueron asesinados durante ese periodo "en blanco", y que lo fueron no por los nazis, sino por sus colaboradores locales, lituanos. En 2010, un tribunal de Klaipeda -la antigua Memel, puerto de mar en Lituania- declaró la esvástica parte del "patrimonio cultural lituano". Nada de lo enumerado ha indignado a nivel internacional.
Rusia ha buscado que Naciones Unidas condene demostraciones que glorifiquen el nazismo. Muchos paíss se abstienen o votan incluso contra, con tal de no aparecer del lado ruso. Así es la balanza de la justicia a la estadounidense: se inclina del lado del más fuerte, que en este caso es Estados Unidos, y que usa como perros guardianes a unos pocos neonazis.
Los gritones contra el comunismo no hablan de los casos mencionados. Seguramente encuentran natural que en Rumania ninguna organización pueda llamarse "comunista", o que el Partido Comunista checo esté amenazado de ilegalización. Si todo esto es normal, pero también lo es que en el Báltico los veteranos SS salgan a la calle como Pedro por su casa, quienes se alteran no es que pongan el grito en el cielo porque el totalitarismo los indigna. Más bien ladran y, en concreto, le ladran al comunista en el suelo, como sabuesos. Esperan que en recompensa se les de un hueso. La diferencia es que un perro, a la hora de comerse croquetas, no invoca grandes principios, ni mueve la cola cuando oye hablar de "democracia".
Como sea, lo "in" es estar contra el maltrato al animal. Que los SS sigan desfilando bajo la mirada entre complaciente y distraida de sus amitos estadounidenses.

martes, 20 de marzo de 2012

MI PEQUEÑO ASALTAMONTES

China ha declarado que no tiene intereses en Siria, y como no los tiene, puede decir lo que sea.
China, junto con Rusia, se ha opuesto a una intromisión extranjera en los asuntos sirios. Al mismo tiempo, según declaraciones que hiciera Wen Jiabao, ministro chino, "la reivindicación del pueblo árabe de la democracia debe ser respetada y merece una respuesta verdadera". Resulta algo cómico ver a un funcionario chino hacer malabarismos sobre la democracia, pero cualquier cosa es posible en el Circo chino de Pikín. Lo que resulta de lo dicho por Wen Jiabao es que a China no parece importarle que en el caso sirio las grandes manifestaciones civiles suelan ser de apoyo al gobierno de al Assad y que quienes piden un cambio sean delincuentes a sueldo de Occidente. En suma, lo que dice el funcionario de piquín es que China tiene en alto aprecio a quienes delinquen en nombre de la democracia, y que merecen una respuesta verdadera. La congruencia de lo que se dice con las evidencias no importa en lo absoluto: lo que importa es hablar en nombre de la democracia, que es lo que suena bonito. China se opone a toda intromisión extranjera y defiende las aspiraciones de quienes quieren un cambio con apoyo extranjero.
Como China no tiene intereses, veamos lo que resulta: "China no se pone del lado de ninguna parte, tampoco de la del gobierno sirio". Es decir, China no está a favor del agredido y considera que el agredido debe dar respuestas verdaderas a las aspiraciones democráticas del agresor. Es decir que en caso de que las cosas se pongan feas, China, que no tiene intereses, se reserva el derecho de salir de aprietos como estila hacerlo, de la manera más convenenciera que uno se pueda imaginar, puesto que no Piquín no está ni a favor del gobierno, ni en contra de quienes quieren un cambio que merece una respuesta verdadera, por lo que, si fuera un partido de futbol, en estos momentos de juego China le iría "al que gane".
Wen Jiabao agregó que su país "hace su propio juicio acertado y determina su propia postura en esta cuestión sobre la base de hechos reales", lo que representa una invitación a los periodistas occidentales a descifrar ideogramas y tomar cursos de mandarín y cantonés, ya que, aunque no tenga intereses, China tiene su propio juicio, aunque nadie sepa en qué consiste, si Piquín repite que el asunto es de democracia y "humanitarismo". En efecto, "China tiene compasión con la tragedia humanitaria del pueblo sirio". Al fijar su propia postura de manera acertada, China considera que nadie puede "interceptar" la aspiración al cambio y que lo fundamental es la democracia y la ayuda humanitaria, que son exactamente los "argumentos" que Occidente pone por delante para apretarle las tuercas al gobierno de Damasco. Así, China determina su propia postura acertada que es la misma de Occidente pero es propia, porque así lo dice Lao Tse. Que sirva de lección, oh pequeño saltamontes...

martes, 13 de marzo de 2012

FLOJITO, BASHAR, FLOJITO

A la Organización de Naciones Unidas no parece importarle que sus principios sean violados. Lo que es más, al organismo internacional el derecho le tiene sin cuidado y hay hechos que no causan ni la menor extrañeza.
Vitali Churkin, embajador de Rusia ante Naciones Unidas, denunció públicamente que hay pruebas de que se entrenan actualmente en Libia personas que luego aparecen combatiendo en Siria. Es decir, con apoyo oficial se entrenan militarmente en Libia extremistas que se infiltran en territorio sirio -luego de viajar en aviones de carga de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN- para combatir al gobierno de Al Assad. Churkin dijo que estas prácticas son inadmisibles desde el punto de vista del derecho internacional, pero parece que Naciones Unidas no está interesada en evidencias, sino en despotricar contra el gobierno de Damasco, porque "cae mal". Mucho menos importa que, según denuncias de Asia Times Online, fuerzas especiales británicas y francesas estén entrenando combatientes de la oposición siria en Iskenderun, al sur de Turquía. Nadie se atreverá a tocar ni con el pétalo de una rosa a los gobiernos de Cameron ni Sarkozy, como nadie le reclamará al gobierno estadounidense de Obama que la Central de Inteligencia Americana, CIA,esté involucrada ayudando a los servicios secretos británicos y franceses comprometidos en la desestabilización del gobierno de Damasco. La verdad, sale más barato el tiro al Bashar que andarse metiendo con los dueños del planeta. Ni importa que las armas que llegan a la ciudad siria de Homs y hasta la periferia de Damasco pasen sin problema por el territorio libanés.
En vez de condenar a la OTAN, la CIA o a mercenarios ligados a veteranos de Al-Qaeda, salen tipos que, como el ministro de Asuntos Exteriores francés, Alain Juppé, consideran que no se ha podido hacer más por la "inflexibilidad" de Rusia, que para colmo tiene "intereses económicos" en Siria. Desde luego, Occidente nunca es inflexible (más bien "tiene todas las opciones sobre la mesa") ni tiene intereses económicos en ninguna parte: insistamos, el asunto es que, de veras, Bashar cae mal. Es del estilo de George Bush padre: "estoy cansado de Saddam Hussein", es la frase que justificó la primera guerra del Golfo. Bueno, estamos cansados de Bashar al Assad.
Juppé agregó que Rusia "se desquita de Occidente en Siria", por lo de la intervención militar en Libia. Como Rusia anda ardida, no ve que bashar cae mal, así que, mientras Moscú habla de derecho, de soberanía, de instituciones y "cosas por el estilo", el señor Juppé se coloca en plan de psicólogo para explicar la posición rusa ante lo que pasa en Siria. Pues fíjense que los rusos andan resentidos. No les gustó. Son mala onda. Al rato, con este tipo de concepción de la política, Juppé y compañía saldrán con que Putin se nos quedó mirando muy feo, por lo que ya es hora de que se vaya del gobierno. Además, el Putin nos habló golpeado. Caray hombre.

lunes, 5 de marzo de 2012

¿TU DE QUE VAS, VLADIMIR?

Aunque ganador de las recientes elecciones presidenciales rusas, Vladimir Putin no las tiene todas consigo. Se mantiene en el centro de fuerzas que empujan en direcciones distintas.
En círculos cercanos al mismo Putin crece una "idea" de supuesta grandeza. En una concentración con simpatizantes en el estadio moscovita de Luzhniki, el 23 de febrero, el hoy flamante presidente se sacó de la chistera un pésimo discurso sobre Rusia. Arguyó que los rusos siempre han sido vencedores y, además, que en los rusos ser vencedores es cosa genética. De repente, se puso a hablar Vladimir Darwinovich Putin: ¿qué falló en la genética durante la guerra ruso-japonesa, o que falló en la genética durante la Primera Guerra Mundial, un desastre del ADN hasta que Lenin le paró al asunto?¿Está en la genética regalarle todas las posiciones geopolíticas a Occidente? Mejor se hubiera quedado Putin con las palabras de Lermóntov. La genética rusa, asunto que repiten algunos rusos (incluido el cineasta Nikita Mikhalkov, enemistado con la "genética bolchevique"), puede derivar hacia un discurso sobre la "grandeza" que es típico de un país que, aún permaneciendo atrasado, se las da de señorito, o en este caso de condesa. Ninguna genética le ha permitido a Putin concretar -no lo puede hacer- el proyecto de una Eurasia sin Estados Unidos, un proyecto dudoso de Alexander Duguin, que puede combinar ideas interesantes con disparates esotéricos para ponerse a llorar. Este tipo de delirios -propios de un país que ya ha entrado en el consumo de masas- no le viene bien a un presidente que ha rescatado lo mejor del sovietismo, pero también algo de lo peor: el chovinismo de gran potencia. Tampoco interesan mayormente las retahilas de Mikhalkov sobre la "clase media" rusa, ni los errores de Putin en sus artículos sobre política exterior. Si este sovietismo recoge lo peor del pasado, es porque, al mismo tiempo, cree ingenuamente en Occidente y al mismo tiempo en "viva la diferencia", como si Rusia fuera a vender al mercado "grandeza del alma". Por lo demás, basta ver videos como el reproducido por ejemplo en el blog de Josafat Comin -"Sveta" de Ivánovo, una señorita que es un homenaje a la tontería del "meshanin" soviético- para darse cuenta de cierta base que apoya a Putin mientras recibe algo. Putin, pues, es el sovietismo: con lo mejor de él, es decir, la plena disposición a defender la patria si es amenazada y agredida.
El Partido Comunista de la Federación Rusa no debiera regatearle mucho el apoyo a Putin en materia de política exterior. En cambio, le asiste la razón al comunismo (distinto del sovietismo) cuando muestra que no es gran muestra de "grandeza" poner a la maquinaria burocrática a hacer fraude o a acarrear "simpatizantes" a los mítines -lo que también muestra el blog de Josafat Comin. El asunto es secundario: lo que tiene cansado a un buen número de rusos es un estado de descomposición social y moral que, nótese bien, no está reñido con crecientes comodidades u "oportunidades" económicas -lo único que pueden argumentar muchos simpatizantes de Putin, pese a que el ahora ex primer ministro los llame a "vivir de acuerdo con la conciencia". Algunos lo traducen a la manera de vestirse o a la cantidad de mercancías en los estantes. No es asunto del sovietismo: es asunto típico de Occidente. Las elecciones legislativas ya habían demostrado que la gente culta no vota por Putin: tiende a votar por los comunistas que, además, hacen propaganda más sana y menos estereotipada que los de Rusia Unida, convertidos -que lo diga Oleg Tabakov- en rusos de caricatura. Los comunistas ganan en las grandes ciudades, desde Kaliningrado hasta Vladivostok, en las principales ciudades industriales (sobre todo siberianas) y, donde no ganan, no es raro que haya fraude, sea en Krasnodar, Tula, Tambov, Saratov o San Petersburgo. El mensaje es claro y tal vez Putin lo entiende: el precio del paraíso material -además, relativo- no puede ser una degradación comparable a la de un Occidente que, según lo reconocen sus propios banqueros (como el mexicano Guillermo Ortiz), se hunde en una "crisis tamaño mamut". Mucho menos puede un país con una cultura como la rusa ponerse a todo con los ilotas occidentales. La "grandeza" estaría, si existiese, no en los genes, sino en poner el ejemplo de decoro y de justicia social. Lo anterior no quiere decir que el líder comunista Ziuganov haya salido de discursos muchas veces rimbombantes y que la propaganda no prosiga en lugar el análisis.
No estaría mal deshacerse de los antisociales, aunque no sean muy votados. Da pena ver a los ricos rusos como el candidato Projórov y su total inconciencia: no saben ni en qué planeta están parados. Pero si los comunistas le reprochan a Putin coquetear con los oligarcas, no hay razón para pensar que el lumpen payaso de abajo -del tipo Zhirinovski- es mejor. También son productos de un pasado soviético complejo.
No hay grandeza en vuelos líricos sobre el "alma" ni en la cantaleta de que "a Rusia no se le puede entender con la razón". ¿Y con la genética sí? Quienes pensaron que se le puede entender con tantitito marxismo tenían razón: el asunto es de valores, no de poses mercadotécnicas. Rusia no está exenta de marxismo. De lo único que debe estar exenta -si es necesario, con Putin- es de que se la agreda impunemente.