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miércoles, 27 de febrero de 2013

AMERICA LATINA: ¿HAY HORIZONTE ALTERNATIVO?

Es erróneo creer que en América Latina "los pueblos" ("nuestros pueblos", dijo el encomendero del otro lado) no tienen idea de lo que hacen y mucho menos del "horizonte deseable".
     Cuando en el Ecuador fue electo Rafael Correa por primera vez, el país se estaba cayendo, con el agravante de que la nación nunca fue del todo orgánica, ni el Estado se consolidó como tal. Por lo mismo, fue una "revolución ciudadana" en la cual despuntó la posibilidad de tener ciudadanos. "Para volver a tener patria" era el lema de Alianza País, el movimiento que llevó a Correa al gobierno. Las protestas contra Bucaram y las de los llamados "forajidos" contra Lucio Gutiérrez sugieren que un sector de la sociedad ecuatoriana sí creía en la nación y en el Estado decentes. Los logros de Correa abren la posibilidad de tener una nación real, un Estado que cumpla con obligaciones y ciudadanos de verdad, no para declamar en concursos de oratoria.
     En Bolivia sucedió algo parecido, cuando el "Goni" estaba terminando de enajenar los bienes del país, el agua incluida. El voto para Evo Morales también lo fue para tener país y que no se extinguiera. Todo indica que este voto fue leído así por Alvaro García Linera: tener país, considerando que en Bolivia nunca cuajó del todo la nación, ni lo hizo el Estado.
     ¿Es poca cosa querer Estado y nación? No, cuando no los ha habido. Es erróneo decir que no hay discusión: la hubo en el Ecuador (suscitada en buena medida por Alberto Acosta, aunque Correa no es un "neopopulista autoritario"), la hay en Bolivia (ampliamente fomentada por García Linera) y, en buen grado, la hubo y la hay en Venezuela. Las discrepancias no son pocas, pero la discusión está.
     Cualquiera sea el proyecto (socialista o incluso "desarrollista", dentro del capitalismo, como en el caso del "capitalismo andino-amazónico" de García Linera), primero hay que tener donde ponerlo: un Estado, una nación, pero reales, y no discursivos. El tema del socialismo es secundario -y hasta cierto punto, lo es incluso en Cuba.
      En los años '80, hubo quien llegó a decir de más de un país latinoamericano que no era "viable". Es una viabilidad cuestionada incluso en México, el único país donde cuajó un Estado-nación más o menos moderno en el siglo XX. Ni siquiera se trata de tener una nueva "narrativa" para convencer a "nuestros pueblos" de que por su propio bien nos sigan, a nosotros, los buenos. La revolución y el socialismo, forzados, pueden ser el opio de los pueblos. Sobre todo cuando quienes pregonan la Buena Nueva no ponen el ejemplo.
     Un Estado eficaz y una nación orgánica no son poca cosa. Es el tema, no lo es la fantasía que por lo demás, no va muy lejos: quien, como Marco Aurelio, dice "socialismo", está muchas veces maniobrando en la socialdemocracia y los pasillos del poder, no más. ¿Una causa que legitime a los abajofirmantes? Con todo, no es la hora del Príncipe ni es la de sus consejeros.
      Compañero: cuando hables, por favor checa que tus neuronas estén conectadas.
   

martes, 26 de febrero de 2013

SOBRE EL EXTRACTIVISMO

Al gobierno venezolano de Hugo Chávez se le ha criticado el gasto de la renta petrolera. Algo similar se ha hecho con el gobierno del Ecuador, presidido por Rafael Correa. ¿Que tienen programas sociales, y muchos, y además programas internacionales de cooperación, como Petrocaribe? Es porque tienen petróleo y es arriesgado.
     No es del todo falso. Chávez o Correa pueden salir con que el "socialismo del siglo XXI" y que "Dios lo quiso", pero seguramente tiene razón un historiador como el ecuatoriano Jorge Nuñez: Correa, por ejemplo, se parece más al finado estadounidense Franklin D. Roosevelt que a un revolucionario de tipo "soviético". Por cierto: el candidato mexicano de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, citó abiertamente a Roosevelt al presentar el programa que aquél proponía para gobernar, creando más infraestructura pública.
     ¿Cambio de época? No es para tanto. La dependencia de materias primas y/o productos agrícolas no es nueva en América Latina. Data de hace siglos. Por cierto, quienes se la reprochan a Chávez y Correa suelen omitir que Lula y "Dilma" (para los amigotes) han vivido de la soja, como Cristina Fernández, en Argentina. Perú tampoco escapa a este tipo de dependencia (por la minería) y México, ni se diga, ahora que la industria y la agricultura nacionales están en muy serias dificultades. Ni siquiera el "modelo" chileno es ajeno al extractivismo.
     Hay algunas cosas nuevas. Brasil, Perú y Argentina han salido de la órbita Atlántica, sea europea o estadounidense. China es en buena medida el motor del comercio exterior. Con ventajas, y también desventajas si el mercado internacional -con todo y su China- llega a caer en problemas más serios. No estaría mal tomar en cuenta a los críticos del extractivismo.
     Con todo, la derecha es la que se equivoca más. Volviendo a Chávez y Correa, ciertamente no se sale del extractivismo. Pero no hay que olvidar que no es un problema creado por ninguno de estos gobiernos. Y sí, hay una diferencia. ¿Alguien se acuerda de CAP? Carlos Andrés Pérez, otro amigote. La renta petrolera la refinaba de manera única: se destilaba de tal modo el petróleo venezolano, que se convertía en whisky. Las clases altas y la intelectualidad ecuatoriana también saben del Buen Beber. El asunto es que, entre beberla y vivirla,  es preferible lo segundo: suenan más sanos el programa social o la infraestructura pública que el país convertido en vinatería, aunque sea de lujo y esté abierto las 24 horas. Que Chávez y/o Correa se entusiasmen de más, es lo de menos. Resultados concretos de estos "keynesianos", los hay, y de sobra. Se tambaleaban más aquellos estilos como el de CAP, aunque parecían tener los pies en la tierra. Es que hacían malabarismos y los de ahora, no los hacen. Salú, compadre.

sábado, 23 de febrero de 2013

EPPUR SI !MOVE!

Paul Craig Roberts, antiguo funcionario del gobierno de Ronald Reagan y ex editor de The Wall Street Journal, se preguntaba hace algún tiempo si el mundo podría sobrevivir a los "psicópatas, sociópatas y estúpidos" (sic) que prevalecen en Washington y que conducen el mundo a la destrucción. Que sean republicanos o demócratas, no cambia demasiado la cosa. El asunto, digamos, es que "ellos" son una mezcla mortífera de arrogancia e ignorancia. ¿Percepción del mundo exterior? Ninguna.
      Así le fue a Galileo Galilei cuando intentó demostrar que la tierra no era el centro del universo. La Inquisición se le fue encima con la fe y el dogma. Se le echaron de a montón, vaya. Hoy llega a pasar lo mismo cuando alguien se atreve a sugerir que el planeta Tierra no gira alrededor de Estados Unidos. No es broma: seguramente más de un analfabeta funcional estadounidense podría explicar así que haya estrellas en la bandera gringa. No es cosa de cañoneras: es que Estados Unidos ganó desde hace rato la guerra ideológica -aún sin tener cultura-, en materia de lo que alguno que otro estratega de Washington llama el "soft power" o "poder blando". ¿Qué valores alternativos hay a los de los gringos? En plena decadencia, y demostrable, Estados Unidos ha conseguido un gigantesco "coco wash".
      Funciona tan bien este excepcionalismo que cada quien quiere el suyo. ¿Qué, se cayó la Unión Soviética? No importa, la pitonisa búlgara Vanga profetizó la Gran Era de Vladimir -entiéndase Putin. Russia first. Hay cosas mejores: contra viento y marea, América Latina sigue a la vanguardia de lo que sea. Importa poco, mientras sea vanguardia. Es la Gran Era de las Izquierdas y por cierto que la enésima ocasión para regodearse en la nosotrosidad. Mi ignorancia es lo de menos, y mi ademán, lo de más. Y además, es la Gran Era de Acuario y el futuro es de la Gran China Milenaria. Cada uno con lo suyo, pero parece una epidemia en la cual no falta quien quiera ser el Sol: cuando el mundo no gira en torno a nosotros, no es nuestra Historia. Salvo que haya un "margen de maniobra" para jugar con ventaja.
     Oye, que te manda saludar Narciso.

miércoles, 20 de febrero de 2013

RUSIA: REORIENTACION DEL SOVIETISMO

Varias tendencias nuevas se perfilan en Rusia, a juzgar por lo comentado hace poco (luego del Foro Gaidar) por el columnista de Ria Novosti, Alexandre Latsa.
     El vice primer ministro ruso, Dmitri Rogozin, es partidario de hacer del complejo militar-industrial -sigue muy presente entre los "directores rojos". en la industria de defensa, aviación, espacial, médica y de maquinaria- la locomotora de la economía, para aprovechar el impacto en lo que este funcionario llama "una producción civil competitiva". A diferencia del pasado, ahora se trataría de algo así como un "keynesianismo militar", mixto (público-privado). El interés no está en el armamento en sí ni en encarecerlo o en gastar por gastar en él, ya que Rusia ha pensado en una defensa no muy cara. De lo que se trata es más bien de servirse de la tecnología para fines civiles (así como Internet en Occidente se derivó de producción con fines militares).
     El sentido de este viraje es dejar de depender del extractivismo, la renta petrolera. Dmitri Medvedev, primer ministro ruso, así lo planteó en enero: debe reducirse la dependencia de los hidrocarburos y es preciso avanzar en la modernización tecnológica.
     Un tercer punto ha sido planteado por un consejero económico del presidente Vladimir Putin, que es Serguei Glaziev. Hay que limitar el impacto de los movimientos especulativos en la economía rusa y no vale recurrir al dinero extranjero barato. El crédito nacional podría reactivarse ofreciendo un desarrollo productivo que capte la masa que hoy se fuga a la especulación.
     Lo anterior supone la reactivación del mercado nacional. Al mismo tiempo, ha vuelto a hacerse presente la "idea Primakov": Rusia debe fortalecer sus lazos con China, y en general con Asia, ante los tumbos que da Europa. La supervivencia del sovietismo se encuentra en el lugar que ocupa el Estado soberano en esta orientación.
     El lugar de China no está tan claro, en realidad. Tampoco el del sujeto de esta nueva orientación: Medvedev sugiere fortalecer la clase media, pero hay en Rusia una fuerte impregnación de un espíritu "nuevo rico", que es también rentista, ocioso y que contiene incluso arcaismos feudales, los de la señorita condesa insolente y cruel y los del barón de la pereza. Pero el nuevo proyecto, está, y la oligarquía "liberal" -con sus Kasianov, Nemtsov, Kasparov o Projorov- ha quedado fuera de capacidad de dañar en exceso.

viernes, 15 de febrero de 2013

MAÑANA

La cultura es para mañana.
    Al gringo no le interesa. El quiere divertirse. Vende espectáculo o incluso circo, pero el criollo se compra basura de marca creyendo que es cultura y de altura. No lo es.
     Al intelectual tampoco le interesa. Quiere prestigio y cree que cultura es el nombre del ornamento con el cual se adorna. ¿Ya viste mi cultura?
     Si no hay "factor subjetivo" para cambios radicales (es decir, de raíz), es en la medida en que son décadas de desprecio por la cultura. Al revolucionario no le interesa: él está en "la grande" y la cultura es para después, cuando la abundancia permita las pequeñas cosas. Entretanto, lo que cuenta es "movilizar a las masas", denunciar o sermonear, y meterse a la Historia con mayúscula - todos, es decir, "moi et mes amis". La cultura es como la academia: cosa de "pequebús" aburridos, el tedio, nada de trascendencia. No es "lo que hay que tener". Es preferible el gag o la boutade, pero de alto impacto.
     Como las revoluciones del siglo XX se hicieron casi todas en el Tercer Mundo (al que nunca perteneció Rusia), la política siempre fue más importante que la cultura. Al grado que Mao le llamó Revolución Cultural a una medida que, además de política, era anticultural. La política es "la grande". La cultura es el lujo del pequebú y su triste cotidianeidad sin masas ni musas (las del intelectual, ese gran chulo de musas). En Cuba se hace poca cultura: los intelectuales suelen hacer una política con citas interminables de Martí, el Che y Fidel, dirigidas al líder y/o a la clientela de fieles y al cargo. Política cultural, hasta el presupuesto, siempre. Cultura política, no. El resultado es la poca o nula cooperación del intelectual cuando se trata de abordar los problemas culturales: que lo haga Raúl, pues el intelectual está en la gran fibra sensible que es la poesía, esa forma trascendente de mirarse el ombligo, o de enseñarlo a la que lo desee.
      Incluso en Rusia, país con muy buena educación (al menos hasta generaciones recientes), con artes y ciencias envidiables, se paga el precio de remplazar cultura por política, lo que fue agitprop. El régimen del actual presidente ruso Putin, aunque positivo, da más de un tumbo cuando de orientarse "culturalmente" se trata: no sabe y va de la idealización de un pésimo Solzhenitsin a la de una religión ortodoxa que no resuelve gran cosa.
      Así que hay de dos sopas: o economía (al estilo estadounidense), o política (al estilo tercermundista, donde la revolución es asunto de "echarle muchas ganas"). Si no hay "factor subjetivo", pero tampoco lo que una derecha todavía sensata llama a veces "valores", es por el más absoluto desprecio por la cultura que es un saber. A la derecha o a la izquierda, la incultura da en "no saber": no saber vivir, ni saber convivir, ni saber gobernar, ni saber formar, ni saber educar. Y no es asunto del número de libros por leer. El presidente estadounidense Barack Obama tal vez pueda citar tres libros que marcaron su vida, pero cultura, no tiene ninguna, aunque hace chistes medio chistosos sobre los perros en casa y los gustos de Michelle.
     Las cosas están en que, sin educación ni cultura, no hay mucho por construir. A lo sumo, con técnica, se puede garantizar que las cosas fluyan. Que circulen. Pero que cambien, no. Suponiendo que se quiera cambiar.
      Está de pensarse...
      Ay no, ahorita no...

miércoles, 6 de febrero de 2013

FUMAROLAS

La periodista rusa Anastasia Popova acaba de mostrar en el canal 24 (ruso) un contundente documental sobre Siria.
     El documental reproduce las imágenes que filma la oposición siria, favorita de Occidente. Por ejemplo, cada vez que ejecuta a un prisionero de guerra desarmado, esa oposición lo filma y se asegura de que el video se vea: es una forma de sembrar el terror entre la población civil, desarmada. El nombre de este tipo de acto es terrorismo, tal cual.
     Entre sus "joyas", la oposición tiene un video de un niño pateando a un prisionero de guerra desarmado, poco antes de ser ejecutado. Este émulo del "Ponchis" de Jiutepec no es un psicópata, es el "legítimo representante del pueblo morelense", no.
     Cada vez que esta jauría ejecuta a prisioneros desarmados, pega de alaridos, con que "Allah es grande". Como lo dice un testigo, habría que saber si es religión ejecutar a prisioneros o a civiles desarmados, o incluso cortarles la lengua, degollarlos (filmando las cabezas decapitadas) y mutilarlos. ¿Está en el Corán? El testigo oficial sirio, filmado por Popova, sostiene que el Islam no tiene nada qué ver: dicen "Allah es grande" para acallar la conciencia cada vez que hacen una fechoría. Siendo peor que animales, se cuentan que van a "trascender".
     Como Allah no es suficiente y la verdadera religión poco tiene que ver, estos héroes de la "primavera siria" se meten bastantes drogas, de tal forma que otro testimonio oficial cuenta que, cuando a los drogados se les dispara (para herirlos levemente y capturarlos), no sienten nada y siguen con que "Allah es grande". La droga es tan grande como Allah (y seguramente, permite verlo). Ya drogados, los "legítimos representantes del pueblo sirio" pueden matar a cualquiera sin conciencia siquiera de lo que están haciendo. Tratar este asunto como religioso es ponerse a teorizar sobre un pasón, pero bueno, por qué no.
     A fin de cuentas, estos amigos de Occidente son la versión pobre, informal y aldeana del psicópata estadounidense que se fuma otra cosa: la idea de que es el "número uno", poco importa de que no pase de asno del Middle West. Bueno, los otros se meten droga en serio para matar y una experiencia religiosa que de humano no tiene nada. Ni de islámico, por cierto.
     Ahora, fumémonos un discurso contra Bashar, que al fin y al cabo el principio de realidad, frente al placer del poder, sale sobrando.

domingo, 3 de febrero de 2013

¿Y EL RELEVO GENERACIONAL EN CUBA?

Durante años, la Revolución Cubana se dedicó a granjearse apoyos intelectuales adulando. No se ganó mucho. Los adulados, ya engreídos, se dedicaron apenas pudieron a criticar a Cuba. Otros, dentro de la isla, se han hecho monumentos a sí mismos jugando a la incondicionalidad. Son incondicionales del Gran Líder y quieren para ellos incondicionales. Después de todo, junto al Gran Líder está el Gran Intérprete -de Martí y de Fidel- con su propia clientela.
     A esta intelectualidad revolucionaria no le importó educar ni crear desde abajo. Algo parecido ha ocurrido en parte de la burocracia. Contra lo que dice gente como Pablo Milanés, el problema no está en "los históricos" ni en quienes tienen más de 70 años. El problema es que atrás vienen pocos y los intermedios son adulones. No hay relevo generacional y Raul Castro ha sido el primero en decirlo: "no haber resuelto este último problema en más de medio siglo es una verdadera verguenza, que cargaremos en nuestras conciencias durante muchos años". Según el menor de los Castro, Cuba sufre "las consecuencias de no contar con una reserva de sustitutos debidamente preparados, con suficiente experiencia y madurez para asumir las nuevas y complejas tareas de dirección en el Partido, el Estado y el Gobierno". Raúl Castro no se anda con rodeos: "o rectificamos -ha llegado a decir- o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos y nos hundiremos".
     Eso sí: con Raul Castro, los problemas se hablan. En Occidente, no. La nave, va. Los problemas aquí parecen solucionarse comprando. A los que vienen atrás se los compra, y el joven, a su vez, se acostumbra a que todo le sea debido sin el menor esfuerzo, o a que las cosas se consigan con chantajes. En vez de cargar con un problema en la conciencia (dicho sea siguiendo a Raul Castro), el occidental pone dinero y paga. Lo fantástico es el joven occidental lleno de derechos -que repite: "yo tengo derecho, yo tengo derecho, yo tengo derecho"- que no tiene posibilidad de un buen trabajo, ni de un oficio, ni de educación de calidad, ni de estabilidad en las relaciones personales, ni de saber de valores, nada. El resultado es el joven al estilo estadounidense: un arrogante -por narcisista- que es al mismo tiempo un simple de espíritu (!bienaventurado!). ¿Derechos del joven en Occidente?A no ser maltratado (igual que el animal), lo que significa muchas veces a que no se le exija nada; y a divertirse. En Cuba, al menos, la actitud de algunos es distinta y de inquietud, no de complacencia ante el irresistible ascenso de la idiotez y la falta de saberes.