Páginas: para información y análisis, se recomiendan los sitios Counterpunch-The 4th Media-Globares

miércoles, 29 de mayo de 2013

DESEMPLEO: EN RUSIA Y EN LA UE

Nueve economías de 17 en la Unión Europea (UE) se encuentran en recesión. La palabra "Depresión" no es mencionada, pero está cerca en la realidad económica.
     En medio de los problemas económicos, las tasas de desempleo entre jóvenes en la UE son altas, en algunos casos alarmantemente altas. En Grecia, el desempleo juvenil es de cerca de 58 %, y en España, de cerca de 56 %. Salvo milagros, estas cifras significan que la juventud europea occidental no tiene mayores perspectivas a futuro. En varios países, es alrededor de un tercio de la juventud que no tiene futuro laboral.
    En Francia, la situación descrita hace que muchos jóvenes crean que la solución es emigrar. Entre los 18 y los 24 años, cerca de la mitad de los jóvenes franceses quisiera irse a otra parte. Los países idealizados son los de siempre: Estados Unidos, Canadá y Australia, muy en particular.
    En comparación, la situación rusa no es mala. La tasa de desempleo entre jóvenes es del 15 %, mejor que en muchos países de la UE. La tasa de desempleo general en Rusia es del 5 %, y en las grandes ciudades, según informa Alexandre Latsa en su blog, casi no hay desocupación (1 % o incluso menos).
    La oferta de empleo en Rusia está al alza en algunos sectores: vendedores, obreros de la industria energética y de la construcción.
    Por lo demás, Rusia ha tomado medidas para evitar un impacto demasiado severo de la recesión europea. Los jóvenes rusos pueden seguir creyendo que el mundo los espera afuera. Sin embargo, incluso entre las mujeres jóvenes rusas, la idealización de Occidente ya no es tanta como hasta hace algunos años. Rusia tiene donde crear más empleos, sobre todo hacia el oriente (Siberia, Extremo Oriente). Buena parte de la Unión Europea no promete nada bueno, ni siquiera en la ilusoria Suecia, donde hace poco hubo motines en la periferia de Estocolmo. Este tipo de violencia rara vez tiene lugar en Rusia.

martes, 21 de mayo de 2013

ISRAEL: UNO MAS EN LA COALICION ANTISIRIA

El actual presidente estadounidense, Barack Obama, había dicho que el uso de armas químicas en Siria era la "línea roja" que lo llevaría a modificar sus "cálculos". Según Carla del Ponte (aunque no sea del todo fiable), comisionada de Naciones Unidas para asuntos de derechos humanos en Siria, la oposición armada muy probablemente ya usó esas armas, en particular gas sarín. Y, agreguemos, Obladi Obladá no hizo nada.
     Estados Unidos ya está involucrado en el conflicto sirio, asesorando a la oposición armada desde Iraq, Jordania y Turquía. Indirectamente, intervienen monarquías petroleras como Qatar y Arabia Saudita. Francia y Gran Bretaña también asesoran a los terroristas. Israel agarró turno: atacó recientemente instalaciones del ejército sirio cerca de Damasco, en Jamraya. Incluso Croacia está acusada de meter las manos enviando armas, junto con Libia -desde este país el trasiego es organizado por la CIA, Central de Inteligencia Americana. Poco antes del ataque israelí, el vecino de Siria fue visitado -al igual que algunas monarquías del Golfo- por "Chuck" (sic, ahora resulta que es "El Chucky") Hagel, secretario estadounidense de Defensa. Es un ataque multinacional por medio de mercenarios.
    En medios internacionales (como Russia Today) existen testimonios documentales (en video) de ejecuciones de prisioneros del ejército sirio desarmados. Videos más terribles muestran a terroristas comiéndose el corazón de sus víctimas, "azteca style", en plena barbarie. A pesar de lo que ocurre, la presión contra el régimen de Damasco persiste y el derecho internacional no vale (no por ejemplo para el modo de actuar de Tel Aviv). Cualquiera puede cruzar la "línea roja" si de desgastar al enemigo se trata. ¿Indica la injerencia de Israel que Estados Unidos sigue calculando un gran desgaste, y "midiendo" los costos y beneficios de otro tipo de "medidas"?

jueves, 16 de mayo de 2013

RUSIA ANTE LA CRISIS

Frente a la crisis económica que golpea a una parte del mundo (ahora ha sido el turno de Francia de entrar en recesión, y la recesión europea es ya considerada como "la más larga de la Historia"), Rusia piensa en medidas que podrían animar y consolidar el mercado nacional. El otro país que podría hacerlo es China, pero la decisión no está tomada. En cambio, países como Brasil (y Argentina) no tienen ya resortes internos para amortiguar un eventual choque originado en el mercado internacional. No parece que México vaya a crear un mercado nacional nuevo, algo distinto de un mercado simplemente "interno".
     Rusia sigue pensando disminuir su dependencia de los energéticos y pasar a una economía que podría centrarse más en productos de ingeniería.
     Entre las medidas que se tienen en mente están el aumento de salarios en el sector público y entre los militares.
     De igual forma, Rusia quiere reanimar la infraestructura médica, educativa (con la rehabilitación de instalaciones de pre-escolar), de vivienda (por lo pronto, para 700 mil personas que habitan en viviendas en mal estado) y militar. La idea es crear nuevos polos de desarrollo.
    Rusia tiene el problema de los nuevos ricos: consume más de lo que puede producir. Para remediarlo, Moscú está pensando impulsar la productividad.
    El eje de este mercado nacional sería una nueva clase media: si hoy se estima que representa 25 % de la población, habría que llevarla hasta 40 % o 50 % de la población. Tendría la ventaja de ser una clase media no tanto de arribistas, y sí más ligada al desarrollo nacional. Es distinto de las clases medias soyeras de Brasil y Argentina. A reserva de lo que haga China, Rusia sería uno de los pocos países que estaría en capacidad de relanzar un desarrollo realmente endógeno, nacional, si se reduce -como se quiere hacer- la dependencia de los energéticos. China tiene por su parte un sector público lo suficientemente potente todavía para una reconversión similar, pero los lazos con Estados Unidos son de otro tipo. En efecto, mientras los chinos sostienen con buena parte de su excedente a los estadounidenses, los rusos piensan usar su excedente para el mercado nacional, no para sostener a nadie, y mucho menos a potencias en aprietos.

martes, 14 de mayo de 2013

LOVE UNLIMITED

Uno de los mejores cuentos -no el único- que se han contado en Occidente sobre la victoria soviética en la guerra mundial es que aquélla resultó de la ayuda estadounidense, en material y en dinero. Como todo el mundo, Moscú debiera estar agradecido. En cambio, no hay por qué tener el menor sentimiento de deuda para con un Estado totalitario que, la verdad, venció al nazismo porque Washington ayudó, y que de otro modo hubiera perdido, de tan tonto que era Stalin y de tan inepta que era la soldadesca del Ejército Rojo. ¿Ayuda? La del invierno, y los préstamos estadounidenses.
     Natalia Narochnitskaya ha sacado las cuentas en su blog. La Ley de Préstamo y Arriendo estadounidense durante la última guerra mundial entregó armas y bienes por un valor de 46 mil millones de dólares. Sucede empero que a la Unión Soviética, que cargó con la peor parte del conflicto, le tocaron poco menos de 10 mil millones de dólares. A Gran Bretaña, con una contribución menor a la guerra, le tocaron poco más de 30 mil millones de dólares, el grueso de la ayuda. Nadie niega el valor del Lend Lease, pero no fue decisivo en la maquinaria bélica soviética que aplastó al nazismo.
     Lo que es decisivo, ya entrados en gastos, es quedar en deuda con Estados Unidos o, mejor, abrirle a este país un crédito infinito, por ser quien es. En cambio, la Historia soviética está contada de tal modo que cualquier ignorante, ante las cifras del terror (más abultadas y fantásticas, mejor), se diga: "no doy crédito". Abra una cuenta en el capitalismo, espérese a que le rinda, y retire sus depósitos de cualquier cuenta donde le cuenten que el socialismo es lo mejor y el futuro. No: el amor ilimitado es "de mercado" y con un Estado listo a sacarlo de apuros si sigue dispuesto a pagar. Con Washington, no se la va a acabar.
   

SIGUEN DE LARGO

Cuando a principios de los años '50 Hannah Arendt terminó el libro-trilogía "Los orígenes del totalitarismo", no tenía datos suficientes ni esclarecedores sobre la Unión Soviética. Según lo reconocía la propia Arendt, parte de su trabajo se basó en los llamados "Archivos de Smolensko", sustraídos por nazis alemanes en esta ciudad rusa y luego llevados a Estados Unidos. A falta de datos, Arendt se puso a fabular sobre los "millones" de víctimas del estalinismo. Sin embargo, la autora nunca negó que no se tenían datos esclarecedores sobre la Unión Soviética.
     Hoy que se han abierto los archivos de la antigua Unión Soviética, muy poco se ha hecho para arrojar luz sobre el periodo estalinista, salvo en trabajos de historiadores (con frecuencia británicos). Es más, se sigue hablando de "totalitarismo" a diestra y siniestra, y hay incluso quien sostiene que el "mercado" se ha inventado una nueva forma de "totalitarismo". Ya todo o lo que sea es "totalitarismo".
     En 1966, en una introducción al libro mencionado, Arendt escribió, nótese bien, que ya NO podía hablarse de totalitarismo en la Unión Soviética, pese a la cerrazón del régimen en ésta. Arendt citaba como prueba el juicio a los disidentes Andrei Siniavski y Yuli Daniel (1965-66), y cierto florecimiento literario. Contra lo dicho por Arendt, se siguió con éso del "totalitarismo". Hace mucho que dejó de ser asunto de ciencia o de un mínimo de conocimiento: "totalitarismo" es parte de ese arsenal sesentaiochero -que incluye "fascismo" y "autoritarismo" - que consiste en hablar de "represión" al menor obstáculo. ¿Obstáculo a qué? A exprimir al otro como a un limón. Si no se deja, es "totalitario". De éso se trata con el actual presidente ruso, Vladimir Putin, si no da su brazo a torcer y no permite una injerencia como la que le hizo daño a Ucrania, una "revolución naranja". Simplemente, Occidente nunca ha dejado de creerse con derecho a ver en el ruso un ser de otro mundo, que o se deja, o es un bárbaro. Pasar por encima incluso de Hannah Arendt es lo de menos, y "lo que hay que tener" es lo de más: Occidente derrotó al malvado nazismo y, si se metió en muchos otros lugares, fue para proteger al mundo libre de la amenaza totalitaria "rusa". Las democracias no le han hecho ningún daño a nadie, y siempre han actuado a la defensiva. En el mundo entero, por cierto.

TOTALITARISMOS: YA CHOLE...

Cuando algún intelectual de hoy se pone a hablar de "totalitarismo" y/o de "genocidio", espera que, al hacerse grandes las palabras, con él ocurra lo mismo. Hannah Arendt quiso demostrar que el nazi y el comunista fueron los dos grandes totalitarismos del siglo XX, pero comparó lo que no es comparable.
    -Bajo el régimen nazi se llevó a cabo una política de exterminio masivo de judíos, y bajo el comunismo soviético no, aunque hubiera ciertamente antisemitismo (existía desde los pogroms en tiempos de los zares). No hay en el sovietismo nada equivalente al exterminio de judíos documentado por ejemplo por Ilya Ehrenburg y Vasili Grossman en "El libro negro".
    -Habría que encontrarse en el sovietismo algún genocidio, pero no lo hay. El "Holodomor" ucraniano no fue un genocidio, puesto que no hubo voluntad deliberada de destruir a un grupo racial, nacional, étnico o religioso, salvo en la cabeza de los inmigrados ucranianos en Occidente y las manipulaciones de la Central de Inteligencia Americana (CIA) con los textos de Robert Conquest. Hay pruebas. La hambruna afectó a Ucrania, pero también a Rusia (desde regiones del Volga hasta el norte del Caúcaso, entre otras) y a Kazajstán. No puede haber sido tampoco algo ordenado por "pérfidos rusos" contra Ucrania, entre otras cosas porque Stalin no era ruso (era georgiano). En cambio, cuando después de Stalingrado el ejército nazi estaba en retirada, Hitler ordenó el saqueo y la "tierra quemada" en Ucrania, el granero de Europa: quien se resistía era ejecutado y colgado. Un ejemplo de esta "tierra quemada" está en el oriente de Ucrania (Donetsk).
     -En este orden de cosas, habría que probar que el sovietismo aniquilaba a niños, mujeres y ancianos, pero no fue el caso en el gulag. En cambio, al retirarse de Bielorrusia, el ejército nazi, en más de 140 operaciones de castigo, le prendió fuego a 5 mil 295 poblaciones, las saqueó con todo y ganado y cosechas de grano, asesinó a 700 mil civiles, mató a 400 mil soldados de inanición o por ejecución, y deportó a 377 mil personas a trabajos forzados en Alemania (entre los muertos hubo por lo menos 250 mil judíos). En los campos de exterminio eran liquidados ancianos, niños y mujeres. No hay pruebas de una política similar en el gulag.
    -Que Stalin le hizo la guerra a su propio pueblo, pero Hitler no, es una falsedad. Al final de la guerra, perdiéndola, Hitler mandó al matadero a niños y jóvenes de las Juventudes Hitlerianas. Tampoco hay casos similares sistemáticos en la Unión Soviética, pese al filme "La infancia de Iván", de Andrei Tarkovski. No hay en el sovietismo ninguna "guerra del Estado contra su propio pueblo", algo que se ha querido convertir en agravante del estalinismo por contraste con el nazismo. Cuando los soviéticos llegaron a Alemania, cometieron saqueos, violaciones y homicidios (sobre todo en Prusia oriental, Silesia y Pomerania), pero fueron frenados por ley (un ejemplo está en el Frente ucraniano del mariscal Iván Konev), e incluso Ilya Ehrenburg, que no paraba de incitar al odio contra la "maldita Alemania", fue mandado a callar en un editorial de "Pravda", el 14 de abril de 1945, de tal modo que el Ejército Rojo dejara de atacar a civiles alemanes (lo que efectivamente sucedió). Es una diferencia marcada con los nazis: apenas llegaron a Stalingrado, bombardearon objetivos civiles -y no militares ni industriales- para sembrar el pánico. No hay ni un hecho parecido de parte soviética en Alemania, ni siquiera en Berlín.
    -Se puede seguir con cuentas alegres a lo Nicolas Werth. Habría que hacer operaciones simpáticas: todos los deportados al gulag eran presos políticos y no había delincuentes comunes (en cuyo caso la Unión Soviética era todo un éxito social), o los había y habría que interpretar de otro modo las cifras disponibles.
    -Lo descrito por Alexander Solzhenitsin no tiene comparación con los campos de exterminio alemán, ya que el gulag no estaba destinado a la aniquilación en masa.
    La gran mayoría de estos hechos está expuesto fidedignamente por Michael Jones en el libro "El trasfondo humano de la guerra. Con el ejército soviético de Stalingrado a Berlín". Los hechos importan poco, sin embargo, cuando el discurso no se interesa por la verdad, sino que descalifica para proseguir en el narcisismo de las democracias occidentales y su -muy supuesta- asepsia.

martes, 7 de mayo de 2013

YO TE ASEGURO QUE YO NO FUI

El presidente ruso, Vladimir Putin, reveló que en los años '90 la CIA (Central de Inteligencia Americana) asesoró el programa de privatizaciones en la Federación Rusa, cuando la dirigía Boris Yeltsin. El "asesorado" fue el arquitecto de ese proceso, Anatoli Chubaís.
     Los expertos asesores probablemente fueron -Putin no los nombró, pero los medios rusos sí lo hicieron- Andrei Shleifer, profesor de Economía en la Universidad de Harvard, y su auxiliar, Jonathan Hay, en el marco de la tapadera USAID (Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional). Curiosamente, ambos fueron castigados en Estados Unidos, por enriquecimiento ilícito estando en funciones (como oficiales activos de inteligencia): resultan que en Rusia estos asesores se habían comprado acciones de empresas locales y bonos del tesoro público.
     Difícilmente una revelación como la que hizo Putin causará indignación. Es de todos modos asunto secundario frente a la embestida ideológica que, por lo menos desde los años '80, salió victoriosa en la antigua Unión Soviética y luego, en sus fragmentos, Rusia incluida. La victoria ideológica hizo que buena parte de la masa soviética renegara de su pasado, que otra parte en la intelectualidad se dedicara a denigrarlo todo, y que Occidente se convirtiera en modelo de políticos como Mijaíl Gorbachov.
     De repente, cualquier país resultó mejor que la Unión Soviética: desde Chile con Pinochet, hasta cualquier escandinavo (si sueco, mejor). El sueño se volvió sueco, parecido también a un emirato (Dubai como modelo), un paraíso como el neozelandés (Australia ya estaba de moda) o estadounidense, de suburbio plástico pero impecable: en suma, lo aséptico, lo inmaculado. Lo ruso se volvió lo "sucio"- y con manchas de sangre. Lo occidental, lo limpio, casi diríase que ecológico. La ingeniería social alteró la percepción de los soviéticos y los ex soviéticos, al grado que terminó por haberlos más fanáticos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan que los occidentales. Hasta ahora, Rusia no se repone de esa invasión cultural, aunque se haya repuesto bastante de la privatización "de inteligencia".
    Ruso se volvió poner cara de "yo te aseguro que yo no fuí", y un modo de ensuciar al compatriota: !tu tienes cara de pirulí!

lunes, 6 de mayo de 2013

UNA EXPERIENCIA RELIGIOSA

Martha Harnecker escribió alguna vez un libro, intitulado "Los conceptos elementales del materialismo histórico" , que estuvo -como "todo el mundo" sabe- entre los causantes de que cayera el gobierno socialista chileno de Salvador Allende, allá por 1973. Ese libro era un manual. Y, como "se" sabe, los manuales provocan golpes de Estado y traiciones de altos mandos militares. Seguramente el librito fuera también la causa de que más de un chileno (socialista), en el poder con Allende, pensara: "ahora nos toca a nosotros" (tomar "lo nuestro" del Estado, claro está). Qué terrible: en vez de repartir armas al proletariado, Allende le daba manuales.
    Esta historia es un rebote de otra: los soviéticos hacían manuales, desde el librito de Diamat hasta el Manual de Economía Política del tal Nikitin. Ser antisoviético era estar contra los manuales. La revolución es algo trascendente, no "de manual". De paso, la Harnecker (sic) había sido alumna del muy críptico Louis Althusser -un francés. Los sueños de la razón producen monstruos, así que, como "se" sabe (aunque la historia de vida del teórico francés no fuera conocida), Althusser, en un arranque conceptual, estranguló a su señora. Criticarlo fue un buen modo de quitarse de encima al colega de cubículo que fuera althusseriano. Parecía batalla de ideas, aunque solía serlo de cubículos y asistentes al cubículo. Imposible ligar a nadie: regalarle a la compañera de cubículo o de aula "Para leer el capital" no era una declaración de amor, sino una advertencia ("en cualquier momento, la praxis me obliga a estrangularte").
     Así que ser de vanguardia consistió en descalificar manuales nunca leídos ni asimilados, por cierto. La misma Harnecker terminó en parte en este socialismo de oficinistas, de "pequeñas cosas que-nos-dejó-un-tiempo-de-rosas", y hoy, la chilena se ha puesto a explicar: "Marx me hizo entender cómo hacer que las personas se amen unas a otras". Marx ya no es la Biblia. Es un Kamasutra de izquierda. Harnecker, quien fuera parte de Acción Católica, ahora ha descubierto que el "verdadero pensamiento de Karl Marx" es amor. "El nuestro -declara Martha Harnecker- es el socialismo de Marx, es protagónico, respeta las diferencias, busca la felicidad".
      Es el tipo de Big Mother de izquierda que provoca que el otro se arranque a decir que es "hijo de Chávez", a precisar que "le gustan las mujeres" -contundente gallito, como el Daniel Ortega de 1990 en Nicaragua, asesorado por el socialismo francés-, y a espetarle al rival que es un "burguesito llorón".
      Dame amor, o te parto la mandarina en gajos.

OH SWEET HART

Armando Hart, pontífice de la cultura martiana en Cuba, supo, como tantos latinoamericanos, estar a la vanguardia y deshacerse de lo que nunca conoció bien, ni se esforzó por entender, mucho menos de buena fe. Hart escribió alguna vez que "la política de Stalin durante la gestación de la II Guerra Mundial y su pacto con Hitler es uno de los procesos más turbios de su larga carrera".
    Según Hart, Fidel Castro no se cansó de preguntarles a los soviéticos por el Pacto Ribbentrop-Molotov. La versión prosoviética fue sin embargo sencilla: se trató de ganar tiempo ante una inminente agresión.
    El pacto Ribbentrop-Molotov es de agosto de 1939. En 1936, violando los Tratados de Versalles, Hitler procedió a la militarización de Renania. Nadie le dijo nada. Rearmó al ejército alemán también contra la letra de esos tratados. Ni una crítica. El primer ministro británico, Neville Chamberlain, era partidario de la llamada "política de apaciguamiento", que consistía en hacerse de la vista gorda ante los desmanes del nazismo.
     En 1936, varios países europeos optaron por la no-intervención en la guerra civil española. El primer ministro francés León Blum, con Chamberlain, fue uno de los artífices de esta decisión. Sin embargo, Alemania se inmiscuyó en España con la Legión Cóndor, e Italia también se fue a meter. Londres y París no hicieron nada. Moscú sí: ayudó a los republicanos. Lo que recuerda la extrema izquierda y el laborismo a lo Ken Loach no es el orden de los factores, sino el producto que convenga, aunque ese orden deba ser alterado: importa regodearse en el asunto Orlov, el oro de Moscú y la lucha soviética contra el POUM, Partido Obrero de Unificación Marxista.
    Ya encarrerados, Chamberlain y Daladier firmaron en Munich la entrega de los Sudetes checoslovacos a Hitler. Fue en Munich en septiembre de 1938, cerca de un año antes del pacto Ribbentrop-Molotov. La anexión de Austria (el "Anschluss") tuvo lugar en 1938: también era algo contrario a los Tratados de Versalles.
    Así, los hechos prueban que en reiteradas ocasiones Gran Bretaña y Francia se hicieron de la vista gorda (por decir lo menos) ante las agresiones hitlerianas: sucedió desde años antes del pacto germano-soviético. Fidel nunca se apersonó a ninguno de estos países occidentales a reclamarles una política por la cual Hitler pensó que lo podía todo. Los amigos -incluyendo a nuestros adorados socialistas franceses- pueden hacer las cochinadas que quieran; los enemigos, "ésos" no pueden ni tener intereses. Quienes le dieron alas a Hitler no le importaron a Hart, otro enemigo del sovietismo, como tantos en la cúspide cultural del proceso cubano.
    Y la guerra de España...ah, ésa también fue culpa de Stalin, que planchó a Nin. Lo que hagan los nuestros es gratis, sea o no ético. Al enemigo se le cobra hasta el último centavo, puesto que en la izquierda también se hacen negocios -y nadie en este mundo se pone a lo que no sea rentable. Nuestros amigos sí nos rinden; los otros, "ésos" nos salen caros, así que es preferible devaluarlos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

UN FRESA VE LA VIDA EN ROSA

El sueño de una "tercera vía" entre el capitalismo y el socialismo consiste en lo siguiente: ser alguien a todo recibir en un mundo a todo dar.
    Es de suponer que hay que tomar lo mejor de cada sistema: la eficiencia del mercado (el capitalismo) y la protección del Estado (el socialismo). Lo ideal sería la abundancia con todos los derechos garantizados (los sociales y otros). Esto es un tanto parecido al sueño del clasemediero estadounidense. Qué curioso. Claro, en el entendido de que este clasemediero propaga por la sociedad el ideal del ricachón.
    Si voy a invertir, el subsidio no viene mal. Abarata costos y permite tener una mayor ganancia. Si voy a "invertir en una relación" (sic), que sea para Mi Satisfacción. Que el impuesto sea lo más bajo posible y que los servicios -o el marido- no me cuesten mucho (ni los servicios sociales, ni los servicios que me brinde el prójimo cuando "invierto en una relación"). El asunto es tener garantizada una ganancia alta, lógicamente con costos bajos.
    En materia de subsidio, el Estado sí sabe cómo hacerlo: subsidio al agua, al predial, al transporte, a la alimentación, etcétera. O casi gratis, como ocurría en el otrora bloque socialista. O algo tipo food-stamp o Welfare estadounidense o canadiense (si sueco, mejor y más rubio).
    A partir de aquí, "catch as can": a venderle lo que sea al prójimo, a darse sueldos de lujo en el sector público, o sueldos ídem de ejecutivo de empresa, a consumir y a consumir, y a obtener Mi Satisfacción.
   ¿Y si opero con pérdidas? Que las asuma el Estado de Bienestar, que para éso tiene este nombre. Es el Estado-proveedor. Si "invierto en una relación", no es para perder, es para que el otro vea cómo le hace: lo que es a mí, me mantiene. Jalisco nunca pierde, y si pierde, arrebata. Que el otro asuma las pérdidas y opere en números rojos, o que quiebre (!lo compro!). O agarramos del Estado: aparece un Obama que es todo amor y que rescata a los bancos que saquearon y a los irresponsables clasemedieros que especularon en el sector inmobiliario. Ya tenemos lo mejor de los dos sistemas: la ganancia del capitalismo (para Mi Satisfacción), y la socialización de los costos, una cooperacha (también para Mi Satisfacción). Lo que soy Yo, costos no pago, y cualquier costo se me hace excesivo, "lo que sea de cada quien". Al menor costo, sale el reflejo:  "ni madres, no pago. ¿Por qué yo?".
    Este sueño de "lo mejor de los dos sistemas" consiste en esperar que la ganancia sea gratuita. Sí, ganancia del capitalismo, gratuidad del socialismo.
    La "tercera vía" es aparecerse en la Historia de gorrón, servirse de tocho morocho hasta atascarse y estar a la expectativa para largarse sin pagar ni siquiera el cover. Muy fresa, este histórico reve.