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lunes, 3 de julio de 2017

DE POSTRE

Es mediante el lenguaje -y el "significante"- que se encuentra en la universidad pública el modo de "deslizar", pero sin decir. Hay que estar en el significante y hacerlo circular. En apariencia, no hay modo de establecer significados, pero no importa demasiado: en efecto, se ha instituido la moda de que, ya que la realidad no se puede conocer, lo que cuenta son los "juegos de lenguaje" y las convenciones (por lo demás arbitrarias) sociales que deciden el punto en el cual, para decirlo en términos del psicoanalista francés Jacques Lacan, la palabra/discurso se "atornilla" o se "acolcha" (por ejemplo, socialismo=escasez o mercado=riqueza).
     Gracias a la intrusión de estas "corrientes" en la universidad pública, ésta terminó por no definir por sí misma el significado y el sentido de lo que hace, delegándolo, supuestamente, en "la sociedad a la que se debe", aunque se trata en realidad de los medios de comunicación masiva y los organismos internacionales. Son ellos los que determinan mediante ventrílocuos "la agenda". El eco que encontraron estuvo en la filosofía universitaria en MBP, los filósofos analíticos, los de los "juegos del lenguaje" e incluso, a final de cuentas, entre los nietzscheanos sueltos por ahí, puesto que para Nietzsche, la "lectura" del mundo (por llamarla de algún modo), un mundo que no se puede conocer, no es más que un interminable juego de metáforas, metonimias, etcétera. ¿Qué es lo que importa? Cuando no el informe experto (algo sí como el briefing), el comentario del opinólogo o cafetólogo ante los reflectores, en ambos casos "en torno al significante" designado desde fuera. En medio queda -sobre mujeres, jóvenes, indios, negros, gays, etcétera- la exégesis o la glosa que inventara el franquista catalán Eugenio d'Ors. Es también desde fuera -puesto que ya no se produce en función de necesidades internas, las disciplinarias incluidas- que se lanzan los temas de consumo, por lo general, de coyuntura. Los universitarios públicos consumen los objetos designados desde fuera por el neo-fascismo cultural de los medios de comunicación masiva y las redes, confundiéndolas con "la sociedad". Se va "de caso en caso" como en la canción se va "de golpe en golpe": en la sincronización y con ritmo por las urgencias de competir ("no quedar fuera") y por la atracción del neo-fascismo cultural, al grado que, volcados hacia fuera, los académicos suelen ser los primeros en lanzarse contra la academia y contra el raciocinio, vendiéndolo para comprarse algo en el consumo foráneo.