Páginas: para información y análisis, se recomiendan los sitios Counterpunch-The 4th Media-Globares

miércoles, 30 de agosto de 2017

UN (VIEJO) DISCURSO DE MARGARET THATCHER

Quien fuera primer ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, se explayó en 1991 en un discurso en la ciudad estadounidense de Houston sobre la forma en que Occidente ayudó a la desintegración de la Unión Soviética, que por ende no cayó nada más por sus propias contradicciones.
      Thatcher, quien reconoció en ese discurso que los soviéticos no eran una amenaza militar, temía que el poderío económico de la Unión Soviética, "con una gestión racional", le diera "posibilidades de expulsarnos del mercado mundial".
      "Un lugar importante en nuestra política -dijo la primer ministra- era la toma en consideración de las flaquezas de la Constitución de la Unión Soviética. En el plano formal, ésta preveía la salida inmediata de la Unión Soviética por cualquier república que así lo desease, mediante la decisión de su Soviet Supremo y por mayoría simple. Cierto que la realización de ese derecho era prácticamente irrealizable debido al papel cimentador del partido comunista y los órganos de seguridad. Y a pesar de todo, en esa particularidad constitucional, teníamos potenciales posibilidades para nuestra política".
      No hay que olvidar que, de manera ilegal (puesto que la población soviética había votado en sentido contrario en un referéndum de marzo de 1991), Boris Yeltsin, presidente de la Federación Rusa, organizó después del fallido golpe de agosto de 1991 la salida de Rusia, Ucrania y Bielorrusia de la Unión.
      "Teníamos una situación complicada, prosigue la señora Thatcher, sin embargo al poco tiempo nos llegó una información sobre el pronto fallecimiento del líder soviético y la posibilidad de la llegada al poder, con nuestra ayuda, de una persona gracias a la cual podríamos realizar nuestras intenciones en esta esfera". "Esa persona -dice Margaret Thatcher- era Mijaíl Gorbachov, a quien nuestros expertos calificaban como una persona imprudente, sugestionable y muy ambiciosa. El tenía buenas relaciones con la mayoría de la élite política soviética, y por eso su llegada al poder, con nuestra ayuda, fue posible".
     No fue Gorbachov quien tomó la decisión de disolver la Unión. Thatcher termina por mencionar a Yeltsin. "(...)se produjeron los contactos correspondientes, los acuerdos y la decisión de forzar la candidatura de Yeltsin, fue la que definitivamente se adoptó. Aunque con gran dificultad, Yeltsin salió elegido Presidente del Soviet Supremo de Rusia y acto seguido se adoptó la declaración de la soberanía de Rusia". Se logró así lo que la primer ministra británica calculaba y anhelaba. Llama la atención que en su discurso de Houston Thatcher insista en tantas cosas que se hicieron "con nuestra ayuda" (lo cual supone labores de inteligencia y propaganda), hasta llegar a decir que Yeltsin fue prácticamente el hombre ("con los contactos correspondientes") elegido para hacer la tarea de disolver a la Unión Soviética. Si se trataba de "hacer un trabajito", fue sin duda bien hecho.

lunes, 28 de agosto de 2017

SU LUCHA

Cuando llegó Donald J. Trump a la presidencia de Estados Unidos se volvió chic acusarlo de neo-nazi, al grado que incluso algunos izquierdistas vieron en él al nuevo Fuehrer. El "juego" lo llevan los Demócratas estadounidenses y los neo-conservadores republicanos, curiosamente aliados, y los participantes no parecen darse cuenta de lo que podría implicar la caída de Trump para las relaciones internacionales.
       Recientemente, la revista alemana Stern sacó en su portada una fotografía de Trump, envuelto en la bandera estadounidense, haciendo el saludo nazi. Esta portada se acompañó de un artículo llamado Sein Kampf ("Su lucha"), en alusión al Mein Kampf ("Mi lucha") escrito alguna vez por Hitler. El Centro Simon Wiesenthal, una organización judía localizada en Los Angeles y dedicada a estudios del Holocausto, consideró, luego de algunas críticas a Trump, que "pintar al presidente como un nuevo Hitler por parte de una prominente publicación alemana es inverosímil y más allá de lo aceptable". "Los alemanes, agregó el Centro, con toda seguridad saben que al usar indebidamente símbolos nazis se está diluyendo crímenes del pasado". El problema es que muchos no piensan que sea "indebido": Trump es el Fuehrer. Lo mismo se había dicho por cierto de George W. Bush, al grado que en tiempos de este mandatario izquierdistas y portales cubanos buscaron a los abajo-firmantes para alertar contra el "fascismo". Para los admiradores incondicionales de Hannah Arendt, hay que decir que ver en casi cualquiera a un nuevo Hitler es una forma de banalización del Mal.
       Hace no mucho tiempo, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, declaró tranquilamente: "los chavistas somos los judíos del siglo XXI. No llevamos la estrella de David amarilla, llevamos el corazón rojo de ganas de luchar y pelear por la dignidad humana y vamos a derrotar a los nazis del siglo XXI". Si se reconoce que Maduro está, por así decirlo, un poquito "pasado" en sus declaraciones, entonces puede verse también que tachar a Trump de nazi o neo-nazi es igual de "pesadito". Pareciera que hasta con las palabras se pueden hacer burbujas especulativas, que algunos -los abajo-firmantes- confunden por lo demás con el supuesto heroísmo de la Gran Indignación Moral. Es cosa de no quedarse fuera.

viernes, 25 de agosto de 2017

CUANDO OBAMA SE OPUSO AL ANTINAZISMO

Hablar de neo-fascismo cultural es hacerlo de una tendencia, no de "algo total" que ya se haya impuesto, mucho menos en todas partes y para todos. Este neo-fascismo está supeditado más a la oligarquía financiera (o al menos parte de ella) que a un "productivismo" a ultranza, y está por ende supeditado a las características actuales de la gran potencia estadounidense, que se debate a ojos vistas en serias contradicciones. Hay que tener cuidado de no ver fascismos por doquier y es por lo mismo que resulta preferible hablar de tendencia.
        El hecho de que de todos modos existe está evidenciado en sucesos como el siguiente. Desde noviembre de 2014 se buscó votar en la Organización de Naciones Unidas (ONU), a instancias de un grupo de 29 países (la Federación Rusa incluida), una resolución de condena a "la glorificación del nazismo, el neo-nazismo y otras prácticas que contribuyen a formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia e intolerancia relacionada". En el documento de condena, que pedía por igual el cese de la negación del Holocausto, no se hizo mención de ningún país en específico. La administración Demócrata estadounidense de Barack Obama saboteó el documento y Estados Unidos estuvo entre los tres países que votaron en contra de la resolución, junto con Canadá y Ucrania (en Canadá hay una gran comunidad de inmigrados ucranianos). 55 países se abstuvieron: entre ellos estuvieron muchos de los que en Europa del Este y el norte de Africa han formado parte de la reacción en las últimas décadas, coqueteando con el neo-nazismo y sus aliados, como algunos grupos y países musulmanes (Albania, Bosnia, Bulgaria, Croacia, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Montenegro, Polonia, Moldavia, Rumania, Eslovaquia, Libia, Malí, etcétera...). Se abstuvieron también Francia, Alemania, Italia, Austria y España. Insistamos: en todo momento, la administración Demócrata estadounidense estuvo presionando para abstenerse o votar en contra de la resolución.
     A diferencia de lo que sucede ahora, cuando medio mundo ve porque "le suena" o "se le figura"en Donald J. Trump a un nazi, el 17 de noviembre de 2014 únicamente una pequeña cobertura de CBS tituló: "EU vota contra una resolución anti-nazi en Naciones Unidas". El argumento de la gente de Obama fue que Rusia podía usar la resolución para fines políticos propios y atacar a sus vecinos. La rusofobia sirvió para justificar el neo-nazismo exactamente como en el pasado el comunismo sirvió de pretexto para abrirle paso a Hitler, en un ambiente enrarecido. Es la gran potencia estadounidense la que ha enrarecido el ambiente, el cultural incluido, en las últimas tres décadas, y es el "bloque histórico" formado en este tiempo(que incluye a quienes Paul Craig Roberts ha llamado liberal/progressive/leftists) el que no quiere renunciar a su hegemonía y a sus prerrogativas para seguir entre otras cosas en el crimen.

miércoles, 23 de agosto de 2017

EL INTELECTUAL DEL "BLOQUE"

El "bloque histórico" encabezado por la alta finanza necesita de intelectuales. Desde la gran difusión de las obras del italiano Antonio Gramsci, entre los '70 y '80 del siglo pasado, muchos de los intelectuales creen ser quienes aseguran la hegemonía del "bloque" en la "ética del Estado" y en las "fortalezas y casamatas" de la sociedad civil en disputa. Haciéndose los portavoces ya no de las masas ni del pueblo, sino de los ciudadanos y de la sociedad civil, se colocan en realidad por encima del Estado como tribunal -al igual que los medios de comunicación masiva- y para repartir premios y castigos, creyéndose imprescindibles por esa "voz", aunque en realidad sean escuchados por muy pocos. Son los intelectuales mediáticos, el tipo de persona que es "conocida por el hecho de que se le conoce", no por otro mérito. El "bloque" los necesita para crear un "efecto de debate" (estimula incluso la crítica contestataria, izquierdizante), aunque en realidad no lo haya.
       No lo hay porque los intelectuales-vedettes decidieron hace rato que el significante-imagen acústica no remite a la producción de un significado y un referente, a la determinación histórica de las palabras. Remite a otro significante-imagen acústica que se desliza y se insinúa, y que, una vez autonomizado en una lógica de conjunto, cree que tiene poder decisión en la realidad porque tiene el poder de interpretarla al antojo, a capricho. Son los intelectuales del recorte arbitrario de la realidad y del vocabulario de la ficción (narrativa, relato) que se cree capaz de incidir sobre esa misma realidad.
       Como en la alta finanza, aquí, detrás de las palabras, no hay trabajo, ni siquiera el de pensar seriamente- más allá de la mundanidad- lo que se dice en el programa de TV, en el griterío de la radio o incluso por la Web. Lo que hay son alzas y caídas en las cotizaciones por twitter, Facebooks-Bolsas y modas -siempre en la coyuntura, siempre- que como vienen se van. Las diferencias con el entretenimiento -entre lo serio y lo frívolo- tienden a desdibujarse. El "bloque" tiene su lumpen-intelectual, el que sale a marear el punto, al chantaje de todos desde la "sociedad civil", a llevarse su tajada de reputación estando en todas y sin comedimiento, en fin, a intimidar desde las grandes alturas del protagonismo; y el mismo "bloque" tiene al intelectual-gestor que "administra" la forma en que hay que hablar, seleccionando el lenguaje, y por ende lo que hay que pensar. Vaya, el relato que hay que contarse y la narrativa que hay que ostentar, así sean pura ficción.

lunes, 21 de agosto de 2017

LOS EMPODERADOS

En la actualidad hay, en distintos países del mundo, de forma abierta o disfrazada, un gobierno de los negocios que no por ello es productivo, sino que responde más bien a la financiarización de la economía y la toma del poder por parte de una oligarquía que vive de especular. Lo que el economista británico John Maynard Keynes llamara "la eutanasia del rentista" se antoja difícil. "La aristocracia financiera -decía Marx-, lo mismo en sus métodos de adquisición que en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpenproletariado en las cumbres de la sociedad burguesa".
       Estos gobiernos han encontrado respaldo en capas medias igualmente alejadas de la producción, pero que reproducen el mundo de la especulación en todos sus sentidos, y el jolgorio de "la sociedad de consumo". Basta ver, por ejemplo, el modo de presentar las noticias en muchos medios de comunicación masiva: se especula pero no se informa detalladamente ni se analiza. En la especulación se anticipan "las jugadas de los actores" y los "posibles escenarios" con el mismo espíritu con el que se juega a la Bolsa. Este es el mundo de los intelectuales -"funcionarios de la superestructura"- comentaristas en programas de TV y/o radiofónicos, o de las presstitutes. Al mismo tiempo están en estos medios quienes se dedican a la moda, el ocio (los viajes recurrentes como modus vivendi), el "placer", los deportes y, a grandes rasgos, el entretenimiento como sucedáneo, también, de reflexión y organización para la reproducción de la sociedad. Los medios de comunicación masiva están copados de tal modo (y tienen propietarios, muy grandes por lo general) que rara vez dejan espacio para el trabajo, que tampoco interesa a la alta finanza. En estas capas medias, los publicistas, diseñadores, creadores de imagen, cazadores de talentos y demás "nuevas ocupaciones", en plena precariedad, no creen estar trabajando, sino "creando", con algo de "yo no sé qué", con la supuesta estetización de todo. En estas capas medias están también los managers, los encargados de automatizarlo todo para facilitarse a sí mismos su lugar de "gestores". El rasgo de neo-fascismo cultural aparece en que, en la "visión del mundo" de estas capas, la sociedad tiene que rendirles cuentas y no ellos a ella: los políticos, los líderes sociales, los académicos, los deportistas, los actores, etcétera, tienen que enfrentarse al tribunal de los medios de comunicación masiva (en los cuales no hay nadie elegido democráticamente) y al circuito de los gestores (tampoco electos, sino "seleccionados" desde arriba). Otro rasgo igualmente neo-fascista, culturalmente hablando, aparece en los grupos de presión (casi corporativizados, casi "de choque"), empezando por mujeres y jóvenes, lo que da derecho automático a "cortar el cupón" y tomar asiento entre los opinólogos y peor, entre los grandes jueces. Finalmente, este neo-fascismo cultural, que no va más lejos porque no hay país de trabajadores al cual agredir, dada la dispersión del mundo del trabajo, de todos modos lo intimida y le extorsiona éso que para los demás es el "plus", "plus-de-goce".
       Abajo está el lumpen que esas capas medias llegan a celebrar como "liberador", el mundo de la gran transgresión, del estado de inseguridad permanente y/o de supuesta "rebeldía" terrorista, el lugar de los bajos fondos. Es un mundo que, mientras otros se dedican al lujo, vive de la industria de guerra en mayor o menor escala (accediendo ocasionalmente al lujo rápido), de tráficos que igual suponen, aunque con mayor marrullería, "anticipar la jugada" y "posibles escenarios". Tampoco se vive aquí del trabajo.
       Este "bloque histórico de precarios" (porque la alta finanza también lo es), hegemónico (pese a Donald J. Trump o a gobiernos progresistas ahora arrinconados), se hizo del poder con la desregulación financiera de Ronald Reagan a William Clinton y hoy ofrece su Coalición para un Capitalismo Inclusivo (con página en inglés en la Web- Coalition for Inclusive Capitalism) abiertamente, ya sin disfraces de "terceras vías" ni nada por el estilo, pero con el ropaje de que "cualquiera puede ser empoderado", como lo han sido, ciertamente, especuladores, capas medias parasitarias y gente lumpen en las últimas tres décadas.

viernes, 18 de agosto de 2017

¿CUANTAS "CLASES" MEDIAS?

Hablar de "clase" media es un error, puesto que no hay tal clase, salvo que designe a la pequeña burguesía que, como su nombre lo indica, es propietaria de medios de producción (ni "pequeña" ni "burguesía" son aquí insultos). Tal vez a lo sumo pueda hablarse por nivel de ingresos de "capas medias". En su época, al principio de la crisis, Michel Clouscard supo ver en Lettre ouverte aux communistes (Carta abierta a los comunistas) la heterogeneidad de este grupo social y los riesgos de la misma.
       La antigua pequeña burguesía (o, si se prefiere, "clase media tradicional") se vio golpeada por la crisis y la ampliación de poderes para los grandes monopolios, con frecuencia transnacionales (justamente contra los artesanos,pequeños empresarios, pequeños campesinos, pequeños y medianos comerciantes, etcétera). En cambio, aparecieron nuevas capas medias, no propietarias de medios de producción (y, desde este punto de vista, más frágiles): funcionarios, empleados del sector privado, profesiones liberales ampliadas, ingenieros, técnicos, cuadros, etcétera, gracias al cambio tecnológico y su gestión (lo que se dio en llamar la "nueva economía de servicios" y que algunos quisieran prolongar hasta una "economía del conocimiento", todo lo cual germinó de todos modos en la segunda posguerra del siglo XX). Al lado de estas capas surgieron luego las de la "ideología necesaria para la venta de la mercancía", para decirlo en palabras de Clouscard: en las "industrias" del ocio, del placer, de la diversión (entretenimiento), de la moda, de los "plumitivos". Si la pequeña burguesía tradicional tenía por valores el mérito, el trabajo, la re-inversión, las nuevas capas medias han preferido el despilfarro. Clouscard sostenía que las nuevas profesiones estaban sometidas por igual al "management de los improductivos", que haría coexistir el riesgo del desempleo con la automatización de todo (informática, robótica, etcétera).
       Mientras la antigua pequeña burguesía probablemente se fue a la derecha (igualmente tradicional), las nuevas capas medias, que reproducen de las mil y un maneras la ideología de lo que "es", han sido mimadas al punto de llevarse una parte no desdeñable del pastel económico aún sin ser fuerzas productivas directas, y dándose el lujo de criticar incluso la "sociedad de consumo" desde 1968, que Clouscard llamó "el 14 de julio de este grupo". Políticamente, estas nuevas capas medias encarnan lo que se ha convertido en un eterno "centro" (¿pero "centro" de qué?), mezcla de social-democracia, libertarismo y neo-conservadurismo, ingredientes que para Clouscard podían hacer -y ciertamente pueden hacerlo- la mezcla para el neo-fascismo cultural.No hay izquierda, pero sí izquierdismo, el mismo que acusa de "fascista" a la pequeña burguesía tradicional (sin duda protofascista, pero no más) y al empresariado no financierizado. Clouscard temía una alianza -hasta ahora poco probable- de ambas capas medias. Pero parecieran haberse dividido al unísono de una fractura de las clases dominantes que el izquierdismo no ha sabido aprovechar, al identificar "tradicional"/propietario de medios de producción con "fascismo" y olvidar los servicios de las nuevas capas medias "demócratas" ("tercera vía" y cosas por el estilo) al neo-fascismo cultural.

miércoles, 16 de agosto de 2017

RECUPERACION DE LA ECONOMIA RUSA

Estados Unidos y sus socios occidentales siguieron un guión conocido (bloqueo, embargo, etcétera...) al establecer sanciones contra la economía rusa. Sin embargo, esta economía reaccionó sanamente, en particular a la caída internacional de los precios del petróleo empujada por Estados Unidos y los saudiárabes.
      La Federación Rusa, a diferencia de los países latinoamericanos hoy, está dejando poco a poco de ser una economía de renta, dependiente de las exportaciones de hidrocarburos (petróleo y gas). Además de tener autosuficiencia alimentaria, Rusia ha visto crecer la industria manufacturera, entre otras cosas para pedir al mismo sector de hidrocarburos que produce menos para la exportación y más para el consumo interno y que demanda al mismo tiempo productos a sectores como la robótica, la mecánica de precisión y la automatización.
      Rusia está llevando a cabo un proceso algo similar al de los países latinoamericanos en el periodo ISI (industrialización por sustitución de importaciones) en la segunda posguerra, al importar más productos manufacturados (incluyendo bienes de equipo) y promover la inversión extranjera directa de países (como China) que no participan de las sanciones. A grandes rasgos, y a pesar de fallas en lo que se conoce como la "economía del conocimiento", Rusia se está re-industrializando sobre una base muy moderna.
      Si Estados Unidos y sus aliados esperaban un deterioro sin fin de la economía que condujera al caos y la descomposición sociales, las sanciones fallaron y tuvieron algo así como un "efecto de guerra" ante el cual Rusia reaccionó en términos generales bien.

lunes, 14 de agosto de 2017

ELLA ES MI COMPLICE, LA SOCIA DE MIS SUEÑOS

Al final de la Guerra Civil, España se encontraba exhausta, así que se declaró "neutral" ante el comienzo de la segunda Guerra Mundial, para pasar luego a "no beligerante". Con todo, los aliados podían albergar temores: Francisco Franco había ganado el conflicto interno en buena medida gracias al apoyo de la Alemania nazi y la Italia de Benito Mussolini. Franco mandó una "División Azul" (50 mil soldados) con los hitlerianos al frente soviético.
       Gran Bretaña decidió resolver el asunto. Los ingleses contactaron al banquero español Juan March, con ligas en las altas esferas franquistas, para que convenciera indirectamente al Caudillo, el mismísimo Franco, de no entrar en guerra al lado de las potencias del Eje. El primer ministro británico, Winston Churchill, aprobó una operación encubierta que consistió en sobornar al hermano de Franco (Nicolás Franco), a varios generales y a dos ministros, el del Ejército y el de Gobernación (José Enrique Varela y Valentín Garza, respectivamente) para "calmar" al jefe del Estado español. La operación tuvo lugar entre 1940 y 1943 y los pagos se concretaron en 1944.
      Para Gran Bretaña era vital controlar Gibraltar y el norte de Africa, puerta de acceso al Mediterráneo. Si España hubiera entrado en guerra, no era de excluirse que consiguiera -también para beneficio de Alemania- apoderarse del estrecho. Medio millón de libras o un poco más, con depósitos en Suiza y Estados Unidos, evitaron que Franco entrara en guerra.
       Dicho sea de paso, en 1962 se hizo un acuerdo entre Alemania y España (Con Franco siempre en el poder) para que los alemanes pagaran una pensión para ex combatientes, viudas y huérfanos de la División Azul, mientras que España pagaría pensiones a las viudas de los caídos de la Legión Cóndor hitleriana que bombardeó territorio español durante la Guerra Civil.

viernes, 11 de agosto de 2017

TE PRESENTO A MI AMANTE

William Randolph Hearst fue un magnate del periodismo estadounidense que para 1935 era uno de los hombres más ricos del mundo. Hearst se dedicaba en particular al "periodismo amarillo", la prensa sensacionalista, y llegó a tener cerca de 40 millones de lectores en Estados Unidos y millones más en el mundo. Hearst tenía agencias de prensa, revistas como la femenina Cosmopolitan y hacía películas, además de ser poseedor de cadenas radiales.
       En 1934, de viaje por Alemania (ya hitleriana, y que gozaba por cierto de las simpatías del Readers Digest, conocido en español como Selecciones), Hearst se entrevistó con Hitler, ni más ni menos que interesado en "mejorar su imagen" en Estados Unidos. Se hizo un acuerdo para tal efecto, firmado por el ministro nazi de Propaganda, Joseph Goebbels, así que Hearst, a cambio de dinero, modificó por completo la política editorial de sus diecinueve periódicos. Los corresponsales de Hearst en la Alemania hitleriana recibieron la instrucción de retratar al nazismo de la mejor manera posible, so pena de ser transferidos u obligados a renunciar. Hearst también recibió préstamos de la Italia fascista de Benito Mussolini. En los periódicos del magnate estadounidense llegaron a aparecer artículos de Hermann Goering, segundo militar en importancia después de Hitler en la Alemania nazi.
      La principal ayuda de la prensa de Hearst consistió en hacer un retrato de terror de la Unión Soviética, por contraste con la imagen amistosa de Alemania. El Chicago American, por ejemplo, tituló el 18 de febrero de 1935: "Seis millones de muertos por el hambre en la Unión Soviética". El "material" venía de la Gestapo, la policía secreta del Estado nazi. Es la misma cifra que manejó Robert Conquest, un historiador que fue destapado el 27 de enero de 1978 como agente del Departamento de Desinformación -IRD de la policía secreta británica. En los '80, Conquest le subió a 14 millones el número de muertos por la hambruna en la Unión Soviética, Ucrania incluida.
      Hearst, quien por lo demás tuvo su papel durante la persecución macartista (anticomunista) en Estados Unidos después de la segunda Guerra Mundial, explicaba que el fascismo no era de temer, "porque sólo llega cuando un país es amenazado por el comunismo".

miércoles, 9 de agosto de 2017

ELLA ES MI NOVIA

Desde los años '20 y '30 del siglo pasado, Ford y General Motors, gigantes automotrices estadounidenses, entraron al mercado alemán. Hitler le confesó alguna vez a un periodista: "considero a Henry Ford (que era antisemita, nota nuestra) como mi inspiración". Cuando estalló la segunda Guerra Mundial en 1939, entre las dos empresas estadounidenses controlaban el 70 % del mercado automotor alemán. No tuvieron inconveniente en reconvertirse a la producción militar, mientras se resistían a los pedidos de la administración de Franklin D. Roosevelt en Estados Unidos.
     En Alemania, General Motors operaba con la subsidiaria Opel. General Motors produjo el camión de guerra Blitz que fue utilizado por la Legión Cóndor en la Guerra Civil Española y luego en la segunda guerra. Ese camión era idéntico al británico Bedford, otra subsidiaria de General Motors. Esta empresa también fabricó el avión de combate Junkers JU-88, componentes para tanques y motores para submarinos. Cuando los estadounidenses desembarcaron en Europa, los esperaban alemanes montados ni más ni menos que en camiones Opel.
     La International Business Machines (IBM) también tuvo lo suyo. Sus tarjetas perforadas se empleaban en los censos de los campos nazis de exterminio. IBM organizó el censo alemán de 1933, permitiendo recolectar información exacta sobre los judíos. En 1937, el titular de esta empresa, Thomas J. Watson, fue agasajado en Berlín por el mariscal Hermann Goering (el segundo hombre más importante de la Alemania nazi) y condecorado por Hitler (Cruz al Mérito del Aguila).
      Coca-Cola no cerró en Alemania durante la guerra. Había patrocinado las Olimpíadas de Berlín en 1936. Cuando en la guerra se acabaron los ingredientes para fabricar la bebida, se encontraron remplazos para crear Fanta, en el mercado alemán, con el anuncio: "Una Fanta, un Reich...¿juegas?".
      La empresa International Telephone and Telegraph (ITT) apoyó abiertamente al régimen nacional-socialista alemán. Henry Manne, representante de la empresa, se reunió con Hitler en Alemania en 1933. El presidente de ITT, Sosthenes Behn, se asoció en 1938 con Focke-Wulf, empresa alemana constructora de aviones de guerra (en particular aviones caza monomotor). Behn contribuyó financieramente al ascenso de los nazis desde 1930 (con pagos cash al jefe de las SS-escuadrones paramilitares, Heinrich Himmler), antes de que tomaran el poder (1933). Behn era por cierto un militar estadounidense antes de fundar ITT en Puerto Rico. La ITT construyó radios y radares que fueron utilizados por el ejército alemán durante la segunda Guerra Mundial. También durante la segunda Guerra Mundial y para mantener ocultas sus actividades, ITT hizo pagos a la Gestapo, la policía secreta del Estado nazi.
     

lunes, 7 de agosto de 2017

DE LA INSINUACION A LA INTIMIDACION

¿Debate en la democracia? No parece tan seguro, menos cuando el foro-ágora, por el hecho de tener micrófonos y reflectores, además de permitir "relaciones" en el Facebook, hace creer a muchos que son vedettes intocables o que pueden parecérseles desde el anonimato.
       André Perrin explica en Scénes de la vie intellectuelle en France (Escenas de la vida intelectual en Francia) cómo se intimida para no debatir. No se lee a quien se critica, por cierto: agreguemos que no lo hacen ni siquiera dictaminadores ni evaluadores en las universidades, quienes se limitan en cambio a "husmear" la mundanidad del dictaminado/evaluado para pasar a descalificarlo si no es considerado in.
     La descalificación pasa según Perrin por buscar en el otro la supuesta baja pasión "inconfesable". Y hay algo más, lo "políticamente correcto". Según Perrin, esto adultera el debate intelectual que, a diferencia del debate político, no es un combate en el cual hay que abatir al otro, sino una búsqueda conjunta de alguna verdad, admitiendo de entrada que puede haberla, así sea relativa. Debería operar, según Perrin, el "principio de caridad" de Quine, por el cual uno es capaz de ponerse en los zapatos -en las razones-del otro. Pero lo "políticamente correcto" es, como está indicado, "político", por lo que sí se trata cuando menos de excluir al otro (descalificándolo como par en el dictamen y la evaluación académica, por ejemplo). Para descalificar se usa lo que, a juicio de Dominique Lecourt, es un procedimiento favorito de la tecnocracia: poner la moralina por delante. Según Perrin, desde el momento en que se hace esto, ya no hay debate, porque no se trata de saber si algo es verdadero o falso, sino de mostrar que está bien o mal. Lo mismo sucede con el dictamen no argumentado, que se reduce a descalificar el ejercicio académico como tal en el par ("no es un artículo científico sino un ensayo", etcétera...).
      Pongamos por caso que alguien quiera argumentar contra el matrimonio igualitario (de personas del mismo sexo): se le preguntará si "algún homosexual le ha hecho algo" (¿está resentido el interlocutor y habla desde la baja pasión?), o, en idioma "políticamente correcto", se le dirá de entrada que es homofóbico, lo que está mal y ocasionalmente sancionado. El debate se ha terminado.
       En México se presentan con mayor frecuencia estos casos de intimidación. El recientemente fallecido Marcelino Perelló afirmó en un programa de radio que "sin verga no hay violación", remitiendo, como lo precisó después, a la caracterización jurídica del hecho. Perelló se equivocó en el caso de la legislación mexicana, lo que admitió. Pero en vez de discutirse de lo cierto o falso de esta y otras afirmaciones, fue acusado de misógino y sexista, sentado en el banquillo de los acusados en las redes antisociales y expulsado de su programa de radio, además de ser, según él, invitado oficialmente a abandonar "por su seguridad" su clase en Ciencias. No se equivocó: hizo el Mal. Poco tiempo antes, Nicolás Alvarado tuvo que renunciar a un cargo televisivo por haber escrito que el cantante Juan Gabriel, era, palabras más palabras menos, malo y "naco", algo que podía entenderse de distintas maneras. También hizo el Mal. Las redes antisociales no dejaron ningún espacio al debate (pongamos por caso: ¿era vulgar o no Juan Gabriel?), sino que pidieron !el puesto de Alvarado! En ambos casos, la universidad aceptó la intimidación. Ya no queda claro, en este newspeak, si las universidades, por ejemplo, son lugares para elucidar con conocimiento lo cierto o lo falso de lo dicho o lugares para evitar el debate -mediante la mundanidad- de tal modo que no se vean afectados los intereses de ciertos lobbies  -neo-fascistas culturalmente hablando- ni las carreras tecnocráticas que están en el Bien, un Bien de "mucha clase".

viernes, 4 de agosto de 2017

PARLOTEANDO

Una vez que la palabra significa otra cosa que la cosa que designa, esa misma palabra-significante se intercambia en los medios de comunicación masiva y en la academia con un guiño de ojo de clase o, si se prefiere, de estatus, en un circuito cerrado, que es también el de los consumidores que lo son sin producir. Ni siquiera se produce una etimología, ni siquiera tampoco una definición (de lo que sea), sino que se ensamblan-maquilan palabras para generar una "lógica del significante" que termina por ser confundida con lo real y cree, además, !que lo está creando! Como es un poder de interpretación, se cree un poder de decisión. !La palabra decide, el parloteo es real! Los medios y los intelectuales y académicos de hoy terminan así operando en "la realidad" de manera arbitraria.
      Michel Clouscard definió alguna vez en Lettre ouverte aux communistes (Carta abierta a los comunistas) esta manera del "Verbo" de "encarnarse", aun con el contenido perdido, pero mediante un monopolio: la tecnología de lo mundano es "la de la insinuación freudo-marxista, el discurso que sugiere, desliza, insinúa, intimida, que se ha hecho esnob-que hace esnob".
      Como en las pintas de mayo del 68, la pregunta es: !camarada!¿desde dónde me hablas? André Perrin acaba de publicar un libro (Scénes de la vie intellectuelle en France/Escenas de la vida intelectual en Francia) en el cual muestra cómo opera la intimidación, al menos en una de sus formas: ¿quien habla en un debate no lo estará acaso haciendo desde una baja pasión, desde el resentimiento, el odio, la intolerancia, el rencor personal, etcétera? Es una excelente manera de descalificar en un debate de razones en el cual resulta que el intimidado no habla -supuestamente- desde la razón (que en el circuito cerrado se asimila al esnobismo ), sino desde la baja pasión (y por ende, sin "uso de razón"), insinuación para la que sirve de maravilla el freudismo, el psicologismo, el freudo-marxismo. La supuesta baja pasión es "inconfesable" y hay que hacer que el intimidado "confiese", para lo cual puede servir otro "método", lo que Perrin llama "la cacería de palabras". ¿El interlocutor no comparte las vueltas del significante alrededor de la mundanidad, no comparte los términos impuestos? Algo malo tendrá -en lo personal- que no es esnob, que no hace circular sus palabras como se debe, como los demás. ¿No gusta de la frivolidad y la moda? Algún trauma lo volvió serio y reprimido, frío y aburrido. Algo trae. Lo que sea.
   

miércoles, 2 de agosto de 2017

DE MODA

Actualmente casi no hay verdaderas noticias, salvo las que hacen escándalo social o nota roja. No las hay porque se ha perdido la duración. En el mundo de las noticias, todo es efímero, nada parece durar, aunque en realidad pasa otra cosa que explicaba hace ya mucho tiempo Michel Clouscard en Le capitalisme de la séduction (El capitalismo de la seducción).
       La palabra-signo, decía Clouscard, se pone a significar otra cosa que la cosa a la que se refiere. Se insinúa o se desliza, digamos que bajo la palabra, "algo" distinto, en lo cual se insiste y que luego parece por lo demás quedar en el olvido, cuando la moda mundana ha pasado. Así, por ejemplo, se equipara "libre mercado" con "democracia" y "socialismo" con "terror", o "capitalismo" con abundancia y "socialismo" con escasez. No hay aquí ningún concepto en juego: es pura seducción, puesto que la diferencia entre capitalismo y socialismo está en la forma de la propiedad (privada o social). Esto nunca se discute ni sale a relucir, lo que permite la equiparación, igualmente, de "los dos totalitarismos" (el fascista y el comunista). Se machaca hasta que una palabra-signo remita a un arquetipo (un "modelo", o un "ejemplo de ideas") que pasa como tal al inconsciente colectivo.
       Pasada la moda de tal o cual tema, en realidad vuelve a salir a flote, en ocasiones, "la cosa", pero bajo la forma del arquetipo que sólo mueve a respuestas automáticas y a decir "lo que sea" con tal de seguir deslizando "significantes" (palabras) que ya han perdido su significado real. Este deslizarse de los significantes-palabras es posible con mayor fuerza en mundos -como el de los medios de comunicación masiva- en los cuales se consume sin producir, por lo que pasa desapercibido "de qué está hecha la cosa" y se puede proseguir al infinito con este consumo-parloteo. La iniciación a la mundanidad es toda una iniciación al "deslizar" e "insinuar" (otros significados) evitando siempre el referente y "aludiendo", siempre también, a lo que está de moda. Esta funciona justamente así, insinuándose y remitiendo a los arquetipos. Las noticias se vuelven moda: claro que se habla de ellas, pero con mundanidad y de tal modo que muy pronto todo cae en el olvido. De moda en moda y de olvido en olvido, así se ha puesto a funcionar también -al sincronizar con los medios de comunicación masiva- la academia, arriesgando pérdidas infinitas por ganancias finitas.