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viernes, 4 de agosto de 2017

PARLOTEANDO

Una vez que la palabra significa otra cosa que la cosa que designa, esa misma palabra-significante se intercambia en los medios de comunicación masiva y en la academia con un guiño de ojo de clase o, si se prefiere, de estatus, en un circuito cerrado, que es también el de los consumidores que lo son sin producir. Ni siquiera se produce una etimología, ni siquiera tampoco una definición (de lo que sea), sino que se ensamblan-maquilan palabras para generar una "lógica del significante" que termina por ser confundida con lo real y cree, además, !que lo está creando! Como es un poder de interpretación, se cree un poder de decisión. !La palabra decide, el parloteo es real! Los medios y los intelectuales y académicos de hoy terminan así operando en "la realidad" de manera arbitraria.
      Michel Clouscard definió alguna vez en Lettre ouverte aux communistes (Carta abierta a los comunistas) esta manera del "Verbo" de "encarnarse", aun con el contenido perdido, pero mediante un monopolio: la tecnología de lo mundano es "la de la insinuación freudo-marxista, el discurso que sugiere, desliza, insinúa, intimida, que se ha hecho esnob-que hace esnob".
      Como en las pintas de mayo del 68, la pregunta es: !camarada!¿desde dónde me hablas? André Perrin acaba de publicar un libro (Scénes de la vie intellectuelle en France/Escenas de la vida intelectual en Francia) en el cual muestra cómo opera la intimidación, al menos en una de sus formas: ¿quien habla en un debate no lo estará acaso haciendo desde una baja pasión, desde el resentimiento, el odio, la intolerancia, el rencor personal, etcétera? Es una excelente manera de descalificar en un debate de razones en el cual resulta que el intimidado no habla -supuestamente- desde la razón (que en el circuito cerrado se asimila al esnobismo ), sino desde la baja pasión (y por ende, sin "uso de razón"), insinuación para la que sirve de maravilla el freudismo, el psicologismo, el freudo-marxismo. La supuesta baja pasión es "inconfesable" y hay que hacer que el intimidado "confiese", para lo cual puede servir otro "método", lo que Perrin llama "la cacería de palabras". ¿El interlocutor no comparte las vueltas del significante alrededor de la mundanidad, no comparte los términos impuestos? Algo malo tendrá -en lo personal- que no es esnob, que no hace circular sus palabras como se debe, como los demás. ¿No gusta de la frivolidad y la moda? Algún trauma lo volvió serio y reprimido, frío y aburrido. Algo trae. Lo que sea.